En una entrevista exclusiva con AreaUrbana, el intendente de General Enrique Godoy, Albino Garrone repasa su historia personal, su vínculo con la política desde la infancia —marcada por el oficio familiar y la experiencia de su padre como intendente— y reflexiona sobre el presente y el futuro de su comunidad.
En el corazón del Alto Valle rionegrino, General Enrique Godoy transita una etapa de redefinición de su identidad política, social y productiva, en un contexto nacional marcado por fuertes transformaciones económicas e institucionales. Al frente de la comuna se encuentra Albino Garrone, uno de los intendentes más jóvenes de la provincia, quien combina gestión territorial, cercanía con los vecinos y una mirada crítica sobre los desafíos que enfrentan hoy los municipios del interior.
¿Cómo ve hoy a su localidad, General Enrique Godoy? ¿Cómo la definiría en pocas palabras?
Es una localidad centenaria. En todos estos años no ha tenido un crecimiento demográfico proporcional; es decir, por ahí tenemos otras localidades con menos años y más grandes, pero que en los últimos 20 años por lo menos se ha destacado por convertirse en una ciudad pintoresca, pequeña, con los atractivos que tiene vivir en una ciudad chica, donde somos todos conocidos, donde no hay grandes hechos de inseguridad y donde uno puede transitar tranquilamente. Parece una pavada, pero es muy valorado por los vecinos.
Con espacios públicos y espacios verdes muy lindos para disfrutar, como la pileta municipal y la plaza central, que a través de los años hemos ido convirtiendo en lugares de mucho valor. Tenemos atractivos diversos, al punto de que nos visitan vecinos de otras ciudades.
Como estamos en un corredor del Valle de Río Negro, donde Roca y Cipolletti tienen la centralidad industrial y comercial, todas las empresas se radican allá. El desafío que tenemos en General Enrique Godoy es que nuestros jóvenes, al terminar el secundario y, sobre todo, aquellos que no puedan estudiar, encuentren un trabajo cerca, y que los que estudian también puedan volver y ejercer su profesión acá.
Hoy tenemos una gran mayoría que termina yéndose a Roca, Cipolletti o Neuquén, que está muy cerca y donde hay una ola de crecimiento alrededor de los hidrocarburos, que es muy tentador por los sueldos altos, pero que paradójicamente también tenemos regresos. Y considero que esto se debe a que esa vida de grandes ciudades, que yo la experimenté porque estudié Ingeniería Mecánica en Neuquén y trabajé unos años allá, en un punto te hartas y decís: “me vuelvo, aunque sea sin trabajo”.
El objetivo es convertirnos en un lugar al menos residencial para poder tener buena calidad de vida y pensar qué otra generación de trabajo podemos tener más allá de la fruticultura, que acá es lo central.
Al ser nacido y criado en General Enrique Godoy, ¿qué recuerdos de su infancia siente que marcaron su forma de ver la política y la vida comunitaria?
Esa cercanía que permite la ciudad pequeña. Mi viejo tenía panadería y el negocio estaba en nuestra casa, así que era todo una misma cosa: la panadería, la atención al público y nuestra casa.
En el año 1999, cuando yo tenía 11 años, mi viejo fue electo intendente. Él ejercía la intendencia mucho desde nuestra casa, algo que yo ahora trato de separar un poco porque se pone intenso. Así se mezclaba la atención de la panadería con las necesidades de los vecinos, que venían a ver a mi viejo por alguna dificultad, para pedir una mano o hacer alguna consulta.
Esa cercanía entre nosotros y los habitantes de la localidad, que seguimos manteniendo, y el hecho de conocernos todos, de conocer un poquito de nuestra historia familiar, de dónde venimos, a qué se dedica cada uno, es algo que nos arraiga y que a cada uno que nos tocó irnos en algún momento nos gusta volver a sentir. Es algo especial salir a cualquier lado y tener conocidos en todas partes.
¿El hecho de que su papá haya sido intendente y legislador provincial influyó en su carrera política? ¿Lo tomó como ejemplo?
Tiene dos miradas. A mí siempre me gustó la política desde muy chico, a diferencia de mis cuatro hermanos, que ninguno siguió este camino. Siempre creí que es algo que se tiene que dar en el momento. Por eso yo me fui a hacer mi carrera de ingeniería y estuve trabajando de eso, porque a veces el escenario político no da lugar o no se da en ese momento por algún motivo u otro.
Mi papá hoy tiene 72 años y maneja ideas distintas de cómo ejecutar algunas cosas y otras muy similares, pero en otro contexto. Hoy, a partir de que asumimos en diciembre de 2023, con el cambio de paradigma que trae el nuevo gobierno nacional, el funcionamiento de los municipios cambió totalmente.
General Enrique Godoy, con la coparticipación provincial, no era capaz de hacer mucho, sino que dependíamos de una obra que viniera del gobierno nacional o provincial, de un plan de viviendas o de una maquinaria nueva, y eso hoy no existe.
En este nuevo tiempo hay que tomar la coparticipación, administrarla bien, jerarquizar las necesidades y ver qué es lo más importante, y arreglarse con eso en una soledad total, porque el gobierno nacional no disminuyó los aportes: los anuló directamente. Eso cambia totalmente la mirada, porque antes había una idea de asistencia muy cercana cuando estaba mi padre como intendente, y también en las autoridades que estuvieron después durante 12 años.
Hoy esa mirada hay que repensarla, porque si no fundimos el municipio en dos meses. Son las mismas ideas, pero ejecutadas de otra manera y con otras prioridades.
Con 37 años es uno de los intendentes más jóvenes de la provincia. ¿Cómo fue asumir una responsabilidad tan grande a tan corta edad?
Fue un desafío, sin duda. Sumado a eso, todo el equipo es joven. El gabinete es acotado: somos siete funcionarios —secretario de Gobierno, Cultura y Desarrollo Social, Deporte, Tránsito y dos jóvenes en Comunicación—. Todos tenemos alrededor de 37 años, e incluso hay algunos funcionarios que son un poco más jóvenes.
Fue un vuelco total que uno puede ver como algo positivo desde el aire fresco y la nueva mirada, pero que también tiene como negativo la falta de experiencia, que en la gestión pública vale mucho, sobre todo en términos de administración.
Por eso nos apoyamos mucho en los empleados municipales, que vienen de carrera, son gente de la comunidad que conocíamos fuera del ámbito municipal y a quienes les dimos mucha participación. El capataz es un caso ejemplar: las decisiones las tomo yo, pero muy apoyado en sus sugerencias. Tiene más de 35 años de trabajo en el municipio, conoce cada rincón de la localidad y cada problema, nos anticipa dificultades. Ese apoyo fue central, sobre todo en los primeros meses, para no hacer locuras, seguir la administración como venía y después ir incorporando nuestra impronta, como la nueva forma de comunicar o de priorizar.
¿Cómo conviven hoy el intendente, el hijo, el compañero y el vecino dentro de una comunidad donde todos se conocen?
En comunidades chicas, más allá de las exigencias comunes para un intendente, los vecinos exigen presencia. Hay una necesidad permanente del vecino de hablar con el intendente. Eso requiere una demanda territorial exigente, pero que a mí me gusta y me apasiona.
Sin pasar por encima de los responsables de las áreas, trato de estar cerca. Tomamos como herramienta la bicicleta, porque al ser pequeña la localidad me puedo dar el lujo de recorrerla en bici y eso rompe una barrera de cercanía. Si voy en auto, el vecino tiene que animarse a frenarme; en bicicleta se anima más.
Te comenta que una luz está quemada, que hay escombros, cosas del día a día que parecen irrelevantes, que uno no anuncia como grandes logros, pero que para el vecino son muy importantes porque le hacen la vida un poquito más sencilla.
No siempre se puede salir, porque vienen vecinos, empresas, notas; se pasa la mañana. Pero trato de buscar un rato para hacerlo porque me gusta y me sirve para tener devolución.
Muchos lo conocen como el “intendente streamer”. ¿Cómo nace la idea de comunicar su gestión a través de un canal como YouTube?
El título de intendente streamer está un poco exagerado. Llevo unos 15 episodios, pero es verdad que tuvo buena repercusión porque es algo nuevo y raro en un intendente. No tenemos la frecuencia que quisiéramos; preferimos hacerlo cada 10 o 15 días.
No fue una idea mía, fue del secretario de Gobierno y de los chicos de Comunicación. Yo no me animaba porque no soy consumidor de ese tipo de contenido. Estamos acostumbrados a comunicar en 10 o 30 segundos, porque si no abandonan el video, y pasar a hacer programas de 40 o 50 minutos me parecía una pérdida de tiempo.
Pero me fueron convenciendo, vi el éxito de otros canales y, en el marco de mi voluntad de continuar con mi carrera política, lo vi como una posibilidad de cruzar la frontera de Godoy y llegar a más gente, con una mirada distinta de la política e incluso del peronismo.
Hacemos una evaluación crítica del kirchnerismo, reconociendo logros, pero permitiéndonos hacer críticas que fueron bien aceptadas por los vecinos y que queremos llevar más allá de Godoy.
El nombre del ciclo, “Gluten”, ¿tiene relación con la panadería familiar?
No fue idea mía, lo propusieron los jóvenes. Arrancamos con una parodia de “Las Fuerzas del Cielo” y lo denominamos “Las fuerzas del Gluten”, pero no me convencía el título tan largo.
Investigamos sobre el gluten y nos gustó la idea técnica de que funciona como una amalgama que une, que da textura, pero que en algunas personas genera molestias. Ahí nos cerró: que sea un espacio para discutir política, invitar gente de distintos partidos, debatir, unir, pero también generar alguna molestia.
Yo trato de ser franco, no tan políticamente correcto, porque es lo que espera la gente. El crecimiento de La Libertad Avanza en localidades pequeñas como Godoy fue una sorpresa y, lejos de ofendernos, buscamos interpretarlo. De ahí surge el nombre.
¿Cómo se ve dentro de 15 años?
La política me encanta, me apasiona y quisiera dedicarme siempre, desde el lugar que sea. Me gustó desde muy chico y estos primeros años de gestión, más allá de los desafíos diarios, los disfruto.
También tengo mi actividad profesional, mi título y un amor por la docencia que me dan libertad para decir que no tengo que hacer cualquier cosa para seguir en la función pública. Si el contexto no acompaña, puedo volver a otra actividad. Eso me da tranquilidad y me permite disfrutar la política.
No es fácil entrar en política y después volver a la vida privada; hay cuestiones económicas y familiares, pero en mi caso tengo esa tranquilidad.
¿Tiene pensado seguir viviendo en General Enrique Godoy o proyecta trasladarse a otro lugar de Río Negro o del país?
Creo que en la provincia están dadas las condiciones. El gobierno provincial viene con un modelo bastante agotado y el peronismo todavía no genera una alternativa clara. Hoy hay una posibilidad con la intendenta de Roca, que es joven, hija de Carlos Soria, pero necesita recorrido y acercarse más a los vecinos.
En ese panorama hay una escasez dirigencial y de renovación. Si hacemos un buen papel en Godoy, innovamos en comunicación, escuchamos a los vecinos y diagnosticamos lo que pasa en la provincia, podemos ir un poco más allá.
En esto también hay que tener suerte y que se den las condiciones. Como dice el dicho, que la suerte me encuentre trabajando, siempre pensando un poquito más allá de la frontera de Godoy.
Por José A. Lemos
