“La efectividad de una política dependerá de su capacidad para reducir brechas existentes”

El rol de la perspectiva de género sigue siendo crucial en las organizaciones y políticas públicas, sobre todo frente al retroceso en los consensos que se habían alcanzado. Su inclusión no solo combate la desinformación, sino que también responde a los desafíos de construir sociedades más equitativas. Georgina Sticco, especialista en género, explica su recorrido y cómo impulsar cambios desde el ámbito público.

¿Qué te llevó a especializarte en brindar enfoque de género en organizaciones? 

Fue un camino largo. Yo soy ingeniera informática y trabajé en empresas durante los primeros doce años de mi carrera en esa especialidad. Siempre me interesaron los temas sociales, pero no me había planteado particularmente si el género había sido un problema para mí o cómo me había impactado. Fueron distintos indicios: preguntarme ¿por qué yo?, ¿por qué estaba estudiando esa carrera?, ¿por qué no había más mujeres?, ¿por qué iba a un evento y éramos tan pocas?, ¿por qué me sentía tan desafiada en relación con mi personalidad y ser quien soy en determinados entornos masculinizados? Todas son preguntas que me fui haciendo a lo largo de los años. Lo último que más me impactó fue cuando quedé embarazada. Estaba justo en un periodo en el que tenía que cambiar de trabajo y notaba cómo cambiaba la entrevista de trabajo al contarlo. Más adelante, cuando nació mi primera hija y yo contaba que tenía una bebé a cargo y que no tenía familia cercana que me ayudara, recibía preguntas específicas de parte de recursos humanos y veía que aquello afectaba a mi candidatura.

Esto me hizo darme cuenta de que había un problema que no tenía que ver exclusivamente conmigo. Era algo más. Junto con Carolina Villanueva surgió la idea de tratar de analizar qué pasaba afuera, buscar información, ver qué se hacía en otros lugares. Ahí encontramos, o más bien descubrimos, cómo este problema que yo sentía como una cuestión personal era algo mucho más grande, algo global. Era una problemática muy estructural, que no tenía que ver conmigo, sino con los roles que las mujeres ocupábamos.

Ahí fue cuando tomamos la decisión de decir: queremos cambiar a las organizaciones desde adentro, ya que son las que abren o cierran puertas y quienes deberían modificar su manera de acceder.

¿Por qué es fundamental que las gestiones públicas integren la perspectiva de género en sus políticas y programas?
Existen dos dimensiones en relación con la gestión pública. Una está vinculada a su rol como organización empleadora: incluir la perspectiva de género en su funcionamiento implica crear espacios diversos, inclusivos y con mayor capacidad de impacto a nivel global. Por otro lado, está la dimensión del impacto que trasciende a la institución, ya que la gestión pública está obligada a ir más allá de sí misma para reflejar este enfoque en sus políticas y programas destinados a la sociedad.  

Si queremos que esas políticas y programas no generen nuevas desigualdades, cierren brechas o transformen culturas —tres formas distintas de lograr impacto—, es fundamental que incluyan una perspectiva de género. Esto no significa que solo los proyectos dirigidos a mujeres tengan este enfoque. Cualquier proyecto, como la construcción de una carretera, el diseño de un recorrido de transporte público o la ubicación de una plaza, debe considerar esta perspectiva. Es necesario analizar cómo impactarán de manera diferencial en función de las identidades de género de las personas a las que buscan servir.  

En ese sentido, para construir una sociedad igualitaria y alcanzar ese pilar de equidad que buscamos, es imprescindible incorporar este enfoque en todas las políticas y programas.  

¿Qué impacto tiene en la sociedad cuando un municipio o gobierno adopta medidas concretas de igualdad de género?

Si los municipios o gobiernos no incluyen una perspectiva de género, lo que a menudo se presenta como una mirada “neutral” puede, en realidad, profundizar las desigualdades sociales. Cuando alguien dice “yo no veo el género”, esa postura, aunque quizá no sea intencionada, suele invisibilizar desigualdades estructurales preexistentes.

Por ejemplo, imaginemos que un gobierno implementa un programa de recapacitación para personas cuyo trabajo ya no es requerido en el municipio. Si ese programa se lleva a cabo en horarios laborales, cuando muchas mujeres están cuidando a sus hijos, y no se ofrece una guardería, ni se considera que estas personas podrían necesitar otro tipo de apoyo, quienes probablemente accedan serán en su mayoría varones. Ellos podrán aprovechar esta excelente oportunidad, mientras que muchas mujeres quedarán excluidas. ¿Era la intención del gobierno generar esa desigualdad? No. Pero al ignorar las desigualdades estructurales que existen antes de diseñar el programa, se terminan reproduciendo o incluso profundizando.

Por eso es fundamental incluir una perspectiva de género e interseccionalidad en las políticas públicas. Esto implica reconocer que no todas las mujeres ni todos los hombres están en la misma situación. Hay otros factores sociales, como el nivel socioeconómico, las responsabilidades de cuidado, el origen étnico, la presencia de una discapacidad, entre otros, que también afectan el acceso a los beneficios que un programa busca ofrecer.

¿Podrías mencionar algún otro ejemplo?

Un ejemplo práctico de esta falta de perspectiva se dio en un municipio que implementó tecnología en los hospitales, cambiando la forma de pedir turnos: de manera presencial a un sistema online. Si bien la iniciativa buscaba ahorrar tiempo y mejorar la eficiencia, no consideró las barreras sociales. ¿Quiénes tienen acceso constante a un celular o a Internet? En muchos barrios vulnerables, las personas no cuentan con conexión permanente. Si no se instala Internet gratuito en esos barrios, quienes carecen de este recurso no podrán acceder a los servicios del hospital.

Además, si el sistema digital para pedir turnos valida la identidad de género de forma estrictamente binaria, las personas que no se identifican dentro de esta categoría también quedan excluidas. Esto genera una desigualdad adicional que, nuevamente, podría haberse evitado con una mirada más inclusiva.

En resumen, no tener en cuenta estas variables durante el diseño de políticas públicas puede resultar en la exclusión de quienes más necesitan el apoyo. Incorporar una perspectiva de género e interseccional es clave para construir programas verdaderamente inclusivos y efectivos.

¿Cómo se mide la efectividad de una política pública enfocada en la igualdad de género?

Una política orientada a la igualdad debe centrarse en transformar los patrones estructurales que perpetúan las desigualdades. Su efectividad dependerá de su capacidad para reducir brechas existentes y evitar la generación de nuevas desigualdades.


¿Cómo influyen las alianzas entre organizaciones sociales, empresas y gobiernos en la promoción de la igualdad de género?
Para lograr transformaciones duraderas es imprescindible establecer alianzas entre organizaciones sociales, empresas y gobiernos, compartiendo la corresponsabilidad que tenemos como sociedad para promover la igualdad de género. Por ejemplo, los gobiernos pueden impulsar numerosas legislaciones y leyes que respalden este tipo de políticas, pero si no van acompañadas de campañas de transformación cultural, estos cambios difícilmente se consolidan. Sin ese apoyo, las políticas y leyes corren el riesgo de revertirse.  

En este contexto, el respaldo de empresas y organizaciones sociales es clave para garantizar que se sientan actores activos del cambio. Las empresas, en particular, tienen un impacto significativo que puede ayudar a impulsar el apoyo hacia determinadas leyes.  

Un caso que me sorprendió hace unos años fue el debate sobre el matrimonio igualitario en Chile. En ese momento, muchas empresas reconocidas respaldaron públicamente la causa, declarando en los medios de comunicación: “Estamos a favor del matrimonio igualitario”. Este tipo de apoyo social, proveniente de organizaciones que tradicionalmente no parecen interesarse en estos temas, puede acelerar cambios que de otra manera serían mucho más lentos.

 

¿Qué consejo le darías a un municipio o gobierno que quiere empezar a integrar el enfoque de género en su gestión?

Primero, es fundamental generar un consenso entre la mayoría de los funcionarios y funcionarias sobre qué implica incluir el enfoque de género, por qué lo hacemos, cuál es nuestro objetivo y qué esperamos lograr. Propongo realizar un análisis detallado basado en indicadores claros relacionados con el acceso a la salud, la educación y el trabajo, para identificar los problemas específicos vinculados al género dentro de nuestro municipio.  

Por ejemplo, ¿los varones están participando en niveles terciarios de educación? Es importante reconocer estas problemáticas y, a partir de ellas, diseñar estrategias para cerrar las brechas identificadas. Este proceso debe ser colaborativo.  

Si buscamos incorporar a más mujeres en áreas industriales, posiblemente también debamos promover que más hombres ingresen en áreas como la educación. Entonces, ¿cómo lo hacemos? ¿Qué cambios son necesarios? Es crucial planificar cuidadosamente los pasos a seguir para avanzar hacia la igualdad. 

¿Qué balance haces de la implementación de la perspectiva de género durante 2024?
Vemos como dos situaciones. Por un lado, un gran retroceso en relación al consenso que había sobre el beneficio que trae incluir la perspectiva de género. Eso es muy preocupante. Y por otro lado, también hemos visto muchos sostenimientos de la agenda a nivel provincial, como provincias que por ahí antes tampoco estaban tan comprometidas de repente empiezan a estar comprometidas, lo empiezan a ver como algo estratégico entonces hay como una dicotomía hacia dónde va. Obviamente el discurso más extendido tiene que ver más con la negación hacia los beneficios de la agenda pero vemos que a nivel provincial se está llevando hacia adelante. El desafío es sostenerlo, poder responder a los mensajes de odio el desafío es responder a la desinformación y poder evidenciar justamente que la totalidad de las personas nos beneficiamos con políticas públicas que tengan enfoque de género.

Por Sol Rena 

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José Abel Autor