Además de su obra literaria, Mempo Giardinelli, ha tenido una activa participación en el periodismo y en la defensa de la libertad de expresión. Ha recibido diversos premios, siendo reconocido por su contribución a la literatura latinoamericana. En esta entrevista con AreaUrbana, el escritor nos habla de Resistencia, su ciudad natal; cómo ella aportó a que se convierta en el profesional que es hoy y por qué eligió radicarse allí.
Para empezar, ¿Nos contás dónde naciste y cuáles son tus primeros recuerdos más especiales allí?
Nací en Resistencia y mis primeros recuerdos los tengo vivos ahora mismo: muchísimo calor, selvas impenetrables, un hogar humilde, mi papá y su panadería; mi madre, una pianista excepcional, y una hermana muy lectora. Bueno, éramos todos lectores en aquella casa, que era muy modesta y no era nuestra, era alquilada y los muebles más importantes eran el piano de mamá y la biblioteca que cubría todas las paredes.
Después, en la vida, me tocó estar a la altura de todos ellos, que no fue fácil porque mamá y papá murieron muy jóvenes y quedé a cargo de mi hermana 12 años mayor y que supo ser también una segunda madre. Sabia, culta, de firme moralidad y gran compañera mía.
¿Cómo fue crecer en Resistencia?
Duro y maravilloso. Duro por las prematuras muertes de mis viejos y las carencias en los primeros años. Maravilloso porque la Resistencia en la que yo viví y estudié era fascinante. Mucho verde, mucho río, amigos y amigas entrañables, y muchísimas lecturas que me formaron, porque yo leía a toda hora.
La biblioteca en nuestra casa era extraordinaria y, además, a dos cuadras estaba la Biblioteca Leopoldo Herrera, que era un tesoro de conocimientos. Así me convertí en un “traga” y en la adolescencia empecé a escribir de puro atrevido y porque las chicas no me daban bolilla, yo era un gordito feo y “raro”. La literatura y jugar al ajedrez fueron mi vida en la adolescencia.
¿Siempre quisiste ser escritor? ¿Cuándo nació en vos esta pasión por la literatura?
Creo que a partir de las lecturas, obviamente. En tercero y cuarto año de secundaria, en el Colegio Nacional José María Paz, de Resistencia, ya escribía mucho en libretitas secretas. Poesías y pequeñas narraciones. Hasta que un día me atreví a encarar a la profe de Literatura de 4º año y le pregunté si leería algunas páginas mías. Me miró sonriente y me dijo que sí, que le llevara al día siguiente algunos textos, que seguro los iba a leer… Esa noche no dormí y al día siguiente le llevé algunos textos. Una semana después, me llamó aparte en un recreo y me pidió, muy seria, sincera y amable, que leyera un listado de títulos que me había preparado. Me los entregó diciéndome que cuando terminara de leerlos le avisara. Eran unos 20 títulos de obras clásicas y contemporáneas que ella había preparado para mí. A algunas ya las había leído en casa y en el acto entendí el mensaje y el reto. Nunca terminaré de agradecerle esa enseñanza.
Si bien actualmente residís en Resistencia, ¿has vivido en otro u otros lugares? De ser así, ¿qué te impulsó a dejar tu provincia natal?
Sí, he vivido en muchos lugares. De Resistencia me fui apenas terminado el Servicio Militar y viví unos años en Buenos Aires, donde trabajé en diarios y revistas hasta que anclé en la revista Siete Días y empecé a viajar por todo el país, todas las provincias. También viajé mucho a Chile, Uruguay, Paraguay, España e Italia. Y como también militaba en lo que entonces era la Juventud Peronista me tocaron tiempos muy feos. Aunque jamás creí ni acompañé la lucha armada, como sindicalista fui muy activo; y como nunca dejé de escribir, publiqué algunos libros.
Mi primera novela fue prohibida después del golpe del 24 de marzo del 76, e incinerada junto con muchas otras. Entonces marché al exilio y viví en México durante 10 años extraordinarios. Enseñé Periodismo y Comunicación Social en la Universidad Iberoamericana y nunca dejé de escribir. Novelas, cuentos, ensayos… Y seguí viajando: Estados Unidos, Francia, Inglaterra…
Siendo un escritor galardonado, cuyas obras se han traducido a varios idiomas: ¿En qué año volviste a vivir en tus pagos y por qué elegiste radicarte allí?
Así como adoro viajar y conocer –he visitado más de 40 países– también soy un tipo muy casero. Tengo un jardín bastante amplio, que cuido haciendo honor a mi apellido (Giardinelli en italiano se traduce como “jardineros”). Y como viajo mucho, entro y salgo y disfruto de mis árboles y plantas.
¿Alguna de tus obras se inspira o transcurre en tu lugar de nacimiento?
No sabría decirlo… Aunque quizás debo responder que sí, porque de hecho escribo en la ciudad donde nací y muchos de mis libros están ambientados aquí.
Para quienes no conocen Resistencia: ¿Qué lugares recomendás visitar?
Nuestra Fundación y la gran biblioteca que tenemos, sin dudas. Y también hay otras instituciones valiosas, el hermoso parque 2 de Febrero, el río Negro que cruza la ciudad, el Paraná a pocos kilómetros y las arboledas, que son enormes, variadas y fantásticas para defenderte del calor atroz del verano.
¿Qué es lo que más te aferra a tu provincia de nacimiento?
No sabría explicarlo, vivo aquí porque es mi lugar en el mundo y acá escribo y disfruto de la naturaleza. Aunque he estado en muchos países, de aquí soy y aquí vivo. Nada del otro mundo.
¿Cuáles son los aspectos que más destacas de tu provincia?
Amo esta provincia como la amó mi padre, que de muy niño me llevó siempre en sus viajes de trabajo. Eran tiempos duros porque no había rutas pavimentadas y sí bandidos en las selvas. Pero mi viejo me enseñó decencia y esfuerzo, dos valores que normaron mi vida. Mi vieja y mi hermana me hicieron lector y escritor, amando la gran literatura universal. Yo soy nada más que un pequeño fruto de esas vidas virtuosas.