De jardines de lluvia en San Martín a techos verdes en Mendoza, las ciudades argentinas adoptan el Diseño Urbano Sensible al Agua (DUSA). Ante inundaciones que representan más del 50% de los desastres naturales en el país, analizamos cómo las Soluciones basadas en la Naturaleza transforman el desarrollo urbano hacia metrópolis más resilientes
Comenzando con jardines de lluvia en San Martín y llegando hasta terrazas vegetadas en Mendoza, distintas ciudades de Argentina están transformando su gestión mediante el Diseño Urbano Sensible al Agua (DUSA). Frente a un cambio climático acelerado por la actividad humana que intensifica sequías y fenómenos extremos, la urgencia de estas medidas es clara, especialmente en Latinoamérica. En nuestro país, donde las inundaciones representan más del 50% de los desastres naturales y afectan al 30% de la población, AreaUrbana examina el rol clave de las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN). Herramientas como sistemas de biorretención, pavimentos permeables, techos verdes y parques inundables permiten integrar el ciclo hídrico al desarrollo urbano para construir metrópolis más resilientes.
SOLUCIONES BASADAS EN LA NATURALEZA
Daniela Rotger es arquitecta, magíster en Paisaje, Medioambiente y Ciudad, y doctora en Arquitectura y Urbanismo por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Es investigadora del CONICET en el Centro de Investigaciones Urbanas y Territoriales de dicha casa de estudios, y autora del libro “El paisaje fluvial en el AMBA”.
A lo largo de su trayectoria se enfocó en las interacciones de la naturaleza y la ciudad, con relación a las cuencas hidrográficas metropolitanas. Desde su área de expertise, explicó que las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) aportan múltiples beneficios a las urbes. Entre ellos nombró la captura de carbono, la reducción del riesgo de inundación, la disminución de la temperatura, o la mejora de la calidad del aire y el agua. “Además, colaboran en la creación de espacios verdes públicos, y ayudan a crear conciencia sobre los efectos del cambio climático y la necesidad de una reconciliación de las ciudades con la naturaleza”, agregó.
Sin embargo, manifestó que en cuánto se refiere a los cursos de agua urbanos, los principios que rigen las SbN no suelen considerarse en el país. “Se prefieren tratamientos como las canalizaciones -con o sin hormigonado-, para asegurar un mantenimiento más sistematizado y acelerar el escurrimiento de las aguas, en vez de la renaturalización de las riberas”, ejemplificó.
Esto último consiste en devolver el agua al río de una forma más natural, con vegetación (en vez de elementos duros), y formas no rectilíneas. La especialista describió que este tipo de acción regenera los hábitats naturales, a la vez que incrementa la permeabilidad del suelo y crea paisajes urbanos de calidad.
En tanto, Rotger detalló que el principal obstáculo para la implementación de las SbN es de índole cultural: “Todavía se arraiga, en los gobiernos y en la ciudadanía, la idea de que la solución a los problemas ambientales urbanos proviene de las herramientas del urbanismo clásico”, amplió.
Se refirió a una lógica ingenieril donde la naturaleza juega un papel secundario -a veces ornamental-, y está sujeta a las formas y espacios que le imprime la urbanización, sin poder desarrollarse de forma libre. “No tener en cuenta el ciclo del agua implica construir en áreas inundables”, alertó. Por más que en el presente no estén anegadas, pueden presentar depresiones que cambien su condición ante un ciclo húmedo.
“Por otro lado, la planificación que niega el agua urbana obtura la posibilidad de entrelazar la ciudad con la naturaleza, y sumar calidad de vida mediante la integración de sus servicios ecológicos y su belleza”, puntualizó.
DEL CEMENTO A LA INFRAESTRUCTURA SUSTENTABLE
Sin embargo, Daniela Rotger aclaró que algunas localidades en Argentina comienzan a utilizar la lógica del diseño sostenible: “Hay normativas que apuntan a integrar las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) en los Códigos Urbanos municipales”, ilustró.
Entre ellas nombró a Santa Fe, cuyo Concejo Deliberante modificó en 2024 la Ordenanza N° 11.748 (reguladora del ordenamiento urbano). Explicó que la ciudad avanza en la regulación de las superficies permeables al reducir la escorrentía. “También incorpora dispositivos hidráulicos para disminuir el impacto de los excedentes pluviales de cada lote en el sistema de desagües local”. A su vez, agrega áreas para captación y almacenamiento de esos recursos hídricos.
Asimismo, la arquitecta trajo a colación propuestas que analizan el desentubamiento parcial del Arroyo Medrano en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Si bien estos proyectos aún no se pusieron en práctica, esta cuenca hidrográfica ya cuenta con una aplicación de SbN.
El municipio de General San Martín, Buenos Aires, construyó jardines de lluvia en su calle Francia como estrategia de manejo del agua de las precipitaciones. Se implementó en el sector perteneciente a la cuenca del arroyo Medrano, que se caracteriza por tener un alto porcentaje de suelo impermeabilizado y ser proclive a las inundaciones.
No obstante, los resultados demostraron una buena relación costo-efectividad y rentabilidad social, al tiempo que una reducción de la presión sobre el sistema pluvial y una mejora en la calidad del agua.
GENERAL SAN MARTÍN: JARDINES DE LLUVIA
Esta tipología de Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) replica el ciclo hídrico natural mediante procesos de retención, acumulación, evapotranspiración y filtrado.
Demián Rotbart, arquitecto y Director General de Planeamiento Urbano del municipio, explicó que la propuesta surgió de una intersección entre un convenio urbanístico para poner en valor calles de la ciudad y un equipo universitario que ya trabajaba con Soluciones basadas en la Naturaleza, del que forma parte.
“En ese contexto, el proyecto de investigación europeo Conexus 2020 nos invitó a participar de su edición, que brinda financiamiento para aplicar SbN en ese continente y América Latina”, describió.
Entonces, surgió la idea de incorporar esas herramientas en la puesta en valor del espacio urbano que ya estaba planificada. Se repararon 600 metros lineales de calle con distinto grado de deterioro, donde se rehizo el pavimento, la vereda, el alumbrado público y el arbolado. Y con el apoyo económico de Conexus, se integraron a la obra los jardines de lluvia, en un trabajo conjunto entre quienes conforman el proyecto de investigación junto a las áreas técnicas del municipio.
La SbN se colocó en la calle Francia a lo largo de dos cuadras, entre la puerta principal de la Universidad de San Martín y un corredor de transporte público. El entorno es un barrio industrial, que cuenta con tránsito fluido de operadores de la zona, la comunidad universitaria de la casa de estudios y habitantes del barrio popular Pilar, que se encuentra a pocos metros.
¿Por qué elegir jardines de lluvia?
La versión que se instaló en el Municipio de General San Martín cuenta con reversiones del formato original: “Los jardines de lluvia tienden a ser depresiones naturales que filtran agua, la retienen y luego drenan”, detalló Rotbart. “Acá combinamos ese concepto con el de trinchera de infiltración”.
El objetivo es captar toda el agua posible de la calzada, el cordón cuneta y la vereda. “Incluso nos animamos a incluir la que viene de los caños de los edificios, que suele fluir en un gran volumen ya que se acumula en los techos de chapa de las grandes fábricas”, agregó.
El sistema la regula y retiene hasta que empieza a desbordar; por un lado, hacia la cuneta, donde vuelve a la red fluvial tradicional, y por otro a través de un caño perforado en la parte inferior, que succiona agua y de forma progresiva la envía al sumidero. “Se pensó para desagotar después de la lluvia y recuperar capacidad de retención para el siguiente evento meteorológico”, describió.
¿Y por qué los jardines de lluvia fueron la solución indicada? En este caso, el proyecto debía cumplir una función doble: disminuir el volumen de agua que culmina en la red fluvial, y mejorar su calidad. Para hacerlo en un espacio reducido, se seleccionó esta SbN.
“Se utilizó un fragmento de 1,40 metros en la vereda”, manifestó Rotbart, quien explicó que la negociación con los frentistas fue fundamental. “Es un barrio industrial, ya que el frente de la calle Francia se compone de fábricas”, detalló.
“Antes de esta obra se estacionaban hasta tres filas de autos, arriba de las veredas y en la calle también. Por lo que uno de los requerimientos era reponer la mayor cantidad posible de plazas de aparcamiento”, aclaró. Ante esa premisa, se priorizó una vereda y en la otra se diseñaron dársenas de parking de 45 grados; luego se dispusieron la otra calzada de paso peatonal y los jardines de lluvia.
Las plantas que forman parte de esta herramienta cumplen un papel fundamental, ya que usan el agua para vivir. “Partes de los contaminantes de la calle que barren las precipitaciones se retienen mecánicamente en el sustrato”, puntualizó.
En ese sentido, paisajistas del proyecto de investigación y del municipio bonaerense eligieron vegetación con capacidad de absorber metales en las raíces y retenerlos en su estructura. Rotbart confesó que, si bien al inicio se plantaron 13 especies, a los seis o siete meses crecieron unas 19 espontáneas. “Algunas estaban buenísimas y se dejaron, otras se podaron por tener frutos venenosos o ser invasoras”, aclaró.
LA SEMILLA DEL CAMBIO
Al tiempo de su implementación, los investigadores realizaron encuestas a quienes transitaban la zona para comparar la percepción entre la antigua calle Francia (con charcos de aceite o grasa que goteaban del sistema de refrigeración de alguna de las empresas), y la nueva versión con jardines de lluvia. El resultado fue positivo.
“La evidencia de éxito de la intervención la obtuve cuando dialogaba con un frentista, y una señora que se bajó de un auto preguntó: ‘¿quién vive en esta calle tan linda?’”, recordó Rotbart.
Esta pintoresca imagen pone el foco en la función social de las Soluciones basadas en la Naturaleza. “Dado que en los barrios vulnerables pueden potenciarse cuestiones como la carencia de espacio público y el riesgo de inundación, las SbN pueden constituir una alternativa para mejorar la calidad urbana”, explicaba la arquitecta Daniela Rotger.
En esa misma línea se manifestó Rotbart, al decir que esos grupos poblacionales son quienes más sufren del cambio climático, con el sobrecalentamiento, las inundaciones, la falta de calidad de aire, de agua, de biodiversidad y de espacio público que ello conlleva. Los jardines de lluvia del Municipio de General San Martín se instalaron en 2023. En la actualidad, todavía existen, aunque sin tanto mantenimiento de jardinería. De todas maneras, el sistema funciona, por lo que sigue cumpliendo su función de drenar el agua.
En tanto, se adoptó el formato en varias de las obras de espacios públicos de la ciudad. “Se generaron espacios de absorción dentro de la vereda o trincheras de infiltración, por lo que se incorporaron distintas tipologías de drenajes sostenibles o SbN en un entorno menos urbano”, concluyó Rotbart.
CHASCOMÚS: SOLUCIÓN BASADA EN LA NATURALEZA
Uno de los atributos más significativos de la Infraestructura Azul y Verde es su escalabilidad. Puede proyectarse en red hasta abarcar la totalidad de una cuenca, pero comenzar por microintervenciones. Su implementación se apoya en tecnología simple y de desarrollo local, lo que favorece el involucramiento de comunidades regionales.
Ese es el caso de la Municipalidad de Chascomús en Buenos Aires, que en octubre de 2025 colocó islas flotantes artificiales en su famosa laguna. Su objetivo fue estudiar y mejorar la calidad del agua en el ecosistema.
La ingeniera agrónoma María Paula Campestre es directora de Agroecología y Biodiversidad en el municipio. En diálogo con AreaUrbana explicó cómo funciona esta tipología de SbN: “Las islas flotantes son estructuras modulares de aproximadamente 2m², que pueden instalarse de manera individual o combinadas”, adelantó. En este caso se utilizaron tres módulos unidos entre sí.
Se construyeron con una estructura de tubos de PVC y, en su parte inferior, una malla que sostiene biorrollos de juncos (alrededor de 10 por módulo), donde en cada uno se implantaron entre 3 y 4 plantas acuáticas. “Se priorizaron especies nativas que se adaptan a las condiciones locales de la laguna, previamente identificadas mediante relevamientos de vegetación”, aclaró.
La especialista retrató que su funcionamiento se basa en la ecotecnología de fitorremediación: las plantas absorben nutrientes como nitrógeno y fósforo, y reducen su concentración en el agua. “Estos nutrientes son responsables de procesos de eutrofización, es decir, el enriquecimiento excesivo de materia orgánica en los cuerpos de agua, que suele acelerarse por actividades antrópicas”.
“Además de su rol en la mejora de la calidad del agua, las islas flotantes generan microhábitats”, manifestó Campestre. “Funcionan como sitios de descanso para aves, refugio para fauna acuática y áreas de oviposición para peces”, describió la ingeniera agrónoma, y agregó que estas funciones ecológicas también se encontraban dentro de los objetivos de estudio del proyecto.
DISTINTOS ACTORES SOCIALES
En las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) que se implementan en Argentina, el trabajo conjunto entre gobiernos locales y otros agentes de la sociedad es fundamental. En el ejemplo de las islas flotantes artificiales que se colocaron en la Laguna de Chascomús, el proyecto surgió a partir de la incorporación del municipio a la Red de Alerta Temprana por Cianobacterias de la Provincia de Buenos Aires.
“Este programa implica monitoreos periódicos en distintos puntos de la laguna, cuyos datos se integran con imágenes satelitales para estimar la probabilidad de floraciones de cianobacterias y definir la colocación de banderas sanitarias”, aclaró la directora de Agroecología y Biodiversidad chascomunense.
“En simultáneo, se estaba por dar inicio a la ampliación y mejora de la planta depuradora de efluentes cloacales, la cual cuenta con tratamiento primario y secundario de efluentes, pero no tiene incluido un tratamiento terciario”, recordó. Entonces, a partir del análisis de las fuentes de contaminación de la laguna, se identificaron como principales factores de eutrofización la actividad agrícola, los efluentes cloacales con tratamiento insuficiente (que se descargan en el arroyo Girado) y los sistemas individuales de saneamiento en zonas sin red cloacal.
“En este contexto, se proyectó la incorporación de un tratamiento terciario en la planta depuradora mediante un humedal construido, como SbN orientada a la remoción de nutrientes”, explicó. Si bien la iniciativa se planificó junto a la Dirección Provincial de Recursos Hídricos, con financiamiento del Ministerio de Infraestructura, aún no se concretó.
De forma paralela, se evaluaron alternativas para interceptar los aportes de nutrientes provenientes de los arroyos afluentes a la laguna de Chascomús. Fue entonces, cuando las islas flotantes surgieron como idea: “En este marco, se articuló con investigadoras del Instituto Nacional del Agua (INA) para desarrollar una prueba piloto con en el arroyo San Felipe, un sitio urbano con alta visibilidad y accesibilidad, lo que también permitió incorporar una dimensión educativa”, manifestó.
La experiencia buscó evaluar la estabilidad de las estructuras frente a condiciones locales (viento y oleaje), así como su desempeño ecológico (absorción de nutrientes, colonización biológica, desarrollo de zooplancton). “Si bien las condiciones operativas fueron complejas -por dificultades de acceso, variaciones en el nivel del agua y episodios de vandalismo-; se logró realizar un muestreo inicial que mostró una tendencia a mayor diversidad de zooplancton en los márgenes de las islas respecto a áreas control”, concluyó Campestre.
En la actualidad, se proyecta reinstalar un módulo en una pileta de decantación vinculada a la Estación Hidrobiológica de Chascomús, con objetivos de investigación, mejora en el ambiente y concientización.
UN EFECTO SECUNDARIO DESEADO
La funcionaria agregó que más allá de las limitaciones, uno de los principales resultados que generaron las islas flotantes artificiales fue el alto interés en la comunidad: “Se trabajó con un instituto terciario a través de dos instancias virtuales, y con una escuela secundaria mediante tres encuentros presenciales”, detalló. En este último nivel, se desarrollaron actividades lúdicas en relación a la percepción ambiental de la laguna. A su vez, construyeron un prototipo de isla flotante a escala, con el armado de la estructura, confección de biorrollos e implantación de especies vegetales.
“Estas instancias permitieron no sólo difundir conceptos como la fitorremediación, sino también promover una comprensión activa del vínculo entre las prácticas humanas y la calidad ambiental”, expresó Campestre.
Un efecto similar ocurrió en la Ciudad de Mendoza con el proyecto “Red de Terrazas Vegetadas como Corredores de Biodiversidad y Ecoturismo en Altura”, que contempló el diseño de un conjunto de techos verdes en 20 edificios del casco céntrico de la localidad.
Con el financiamiento del Fondo Juvenil de Acción Climática del municipio y el acompañamiento de Bloomberg Philanthropies, en 2025 un equipo de investigación de la línea Urbanismo Sostenible del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE-CONICET), concretó la primera terraza vegetada en la capital de la provincia cuyana. La experiencia piloto se materializó en la terraza de la Universidad de Congreso, el pasado mes de octubre. La misma funcionará como modelo replicable para futuras intervenciones.
MENDOZA: RED DE TERRAZAS VEGETADAS
El proyecto mendocino busca reconectar la urbe con la naturaleza y potenciar la biodiversidad desde las alturas. Para ello, la iniciativa propone transformar terrazas urbanas en espacios verdes vivos, mediante la incorporación de especies nativas o adaptadas al clima árido local. Así, se busca mejorar el confort térmico de los edificios, revalorizar construcciones patrimoniales, reducir el consumo energético y abrir nuevas posibilidades de ecoturismo urbano sustentable.
El Dr. Pablo Suárez, la Dra. Erica Correa y la Dra. Claudia F. Martinez forman parte del equipo de INAHE-Conicet Mendoza que desarrolló el proyecto. Comentaron a AreaUrbana que, para esta primera terraza vegetada, seleccionaron 10 especies de las familias de las gramíneas y las plantas crasas, del tipo “coirones” y “bulbines”, que se adaptan a la sequía, la alta exposición solar y a atributos de crecimiento apropiados con un espesor acotado de sustrato.
“También se consideró que tuvieran caracteres ornamentales funcionales, de alta belleza estética, de impacto paisajístico y que favorezcan la renaturalización urbana y la biodiversidad”, agregaron.
Luego de su instalación en el edificio patrimonial de Correos, actual sede de la Universidad del Congreso, se evidenciaron resultados sobre distintas variables que determinaron el aporte de servicios ecosistémicos, y que los investigadores monitorean a través de metodologías del tipo cuali-cuantitativo.
“En lo que respecta a la mitigación del calor, durante el verano 2026 se diseñó un protocolo de adquisición de datos meteorológicos y temperaturas superficiales y del aire, tanto en la terraza donde se implementó la estrategia como en los espacios edilicios conexos –es decir las aulas bajo la terraza y el área no vegetada-”, explicaron.
Encontraron disminuciones de temperatura del aire en la terraza vegetada, del orden de 3°C menos que la registrada en el aire de la terraza no intervenida: “Con el uso de la estrategia se verifica que la temperatura superficial de la terraza desciende 15°C, mientras que la temperatura en el curso que está debajo de la terraza vegetada se encuentra en promedio 2°C más fresca durante todo el día, respecto al curso contiguo que se encuentra debajo de la terraza sin protección vegetal”, definieron.
A la vez, evaluaron a través de encuestas a quienes visitaron la terraza otros aspectos perceptuales, que permitieron identificar aspectos psicofísicos vinculados a los beneficios generados: “El perfil del usuario es mayormente universitario y local, en su gran mayoría residentes del Área Metropolitana de Mendoza (79.5%). El 56% afirma que el uso del lugar aumentó tras la instalación del techo verde, y un 35.8% declara visitarlo más que antes”, afirmaron.
Además, destacaron el éxito visual y emocional, y el bienestar psicofísico: “Los beneficios sobre el confort térmico y la calidad del aire se perciben en niveles intermedios”, manifestaron.
ANTEOJOS VERDES DESDE LA MIRADA MUNICIPAL
Por su parte, desde la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Urbano de la Ciudad de Mendoza aseguraron que el objetivo del municipio es avanzar hacia un marco que combine regulación, incentivos, generación de conocimiento y articulación público-privada.
“Esperamos que la incorporación de terrazas vegetadas no dependa sólo de iniciativas individuales, sino que pueda consolidarse como una estrategia de sostenibilidad urbana y permitir la ampliación de la Red”, proyectaron.
“Consideramos que constituye una oportunidad para fortalecer la articulación entre el Municipio, los jóvenes, las universidades, el sector privado y otros actores de la comunidad”, analizaron. Para la dependencia, las terrazas vegetadas representan tanto una intervención ambiental como un espacio para experimentar, generar conocimiento y demostrar en la práctica cómo las SbN pueden contribuir a construir una ciudad más resiliente y sostenible.
En este sentido, buscan que la experiencia permita acercarse a universidades, estudiantes, empresas y organizaciones, para conocer el proyecto y evaluar su posible replicabilidad en otros edificios y espacios de la ciudad. Asimismo, intentan generar instancias para que los ciudadanos descubran las terrazas, comprendan cómo funcionan y cuáles son sus beneficios.
Esta experiencia se inscribe en una agenda más amplia de acción climática del Municipio, que incluye acciones como una nueva edición del Fondo de Juventud y Acción Climática (2026/2027); u oportunidades de cooperación y financiamiento vinculadas a iniciativas como Generation Restoration, impulsada por PNUMA, que pueden contribuir a avanzar en proyectos de restauración, biodiversidad e infraestructura verde.
En paralelo, cuentan con herramientas como el Fondo Verde para la Sostenibilidad Ambiental (FOVE), una idea de la Ciudad de Mendoza junto con Banco Galicia que busca promover y financiar proyectos de investigación para generar soluciones innovadoras frente a problemáticas ambientales concretas del territorio. “Prevé la articulación entre el sector público, el privado, las universidades y las instituciones científicas”, explicaron.
En torno a la Red de Terrazas Vegetadas, agregaron que esa lógica de articulación permite generar evidencia sobre los beneficios de las soluciones, evaluar su funcionamiento en las condiciones particulares de la ciudad y contar con información que facilite su replicabilidad. “El objetivo es que la experiencia no se limite a una intervención puntual, sino que pueda generar conocimiento y abrir oportunidades para incorporar infraestructura verde y SbN en otros espacios de la región”.
GENERAL VIAMONTE: IMPULSA LA CINTA VERDE
Para pasar de un enfoque unidimensional de infraestructura convencional a incluir las SbN, las regulaciones que contemplan intervenciones dentro del diseño urbano sostenible y sensible al agua brindan un punto de partida.
En la Municipalidad de General Viamonte, el Honorable Concejo Deliberante sancionó la ordenanza N° 3533 en 2023. La normativa estableció el proyecto de la cinta verde, según la que las veredas nuevas que se construyan en ese territorio bonaerense no deberán exceder el 50% de hormigón. Tendrán que contar con un espacio verde, que recorra de manera paralela a la calle.
Mariana Espinazo, secretaria de Obras Públicas del municipio, confirmó que el objetivo es incrementar las superficies verdes y permeables de las veredas, favoreciendo la infiltración del agua de lluvia y contribuyendo a disminuir los anegamientos que ocasionan las precipitaciones intensas: “Al mismo tiempo, el programa busca recuperar espacios públicos ocupados íntegramente por hormigón, mejorar las condiciones para el desarrollo del arbolado urbano, reducir el deterioro de veredas y cañerías provocado por el crecimiento de las raíces y colaborar en la disminución de las temperaturas urbanas mediante la incorporación de vegetación”, afirmó.
La legislación contempla la participación de los vecinos, que deben atenerse a la ordenanza al construir o mantener sus veredas. “Asimismo, se informó a los profesionales de la construcción (arquitectos, ingenieros, maestros mayores de obras y técnicos) que toda obra nueva o refacción debe contemplar la incorporación de la cinta verde en un porcentaje, dependiendo de la zonificación, integrando este criterio desde la etapa de diseño y ejecución de los proyectos”, detalló Espinazo.
La funcionaria agregó que el programa se trabaja de manera articulada con la Dirección de Medio Ambiente, que acompaña su implementación y promueve acciones orientadas al cuidado del arbolado urbano, la preservación de los espacios verdes y la concientización sobre los beneficios ambientales de las veredas permeables.
“Desde el Municipio se impulsan distintas acciones de gestión ambiental y desarrollo urbano sostenible”, manifestó. “Entre ellas se destacan iniciativas de forestación y mantenimiento del arbolado público, promoción y conservación de los espacios verdes”. El Programa “Cinta Verde” forma parte de este conjunto de políticas que se orientan a incorporar IAV en el espacio público.
“Estas soluciones ayudan a enfrentar los desafíos del cambio climático de manera sostenible”, concluyó. “Las SbN son medidas que complementan las obras tradicionales de infraestructura y contribuyen a construir ciudades más resilientes y con una mejor calidad de vida para sus habitantes. A su vez, generan espacios públicos más saludables y agradables para la comunidad”
Por ROMINA TOLEDO
