El intendente olvidado de Buenos Aires

Martín Boneo y Villalonga es un olvidado personaje de nuestra historia que desempeñó trascendentales papeles en el último tercio del siglo XVIII en el Virreinato del Río de la Plata. Entre otras cosas, ocupó el cargo de intendente de policía bajo el mandato del virrey Arredondo, siendo el primero en la historia de la ciudad. Sus políticas progresistas lo llevaron a interesarse por el lamentable estado de las calles de la capital, mandando que se empedraran las más importantes.

También construyó el primer muelle de Buenos Aires con piedras traídas desde la isla Martín García, el Teatro de la Comedia, la Recova de la Plaza Mayor, el Paseo de la Alameda y la segunda y última Plaza de Toros de la capital. Había llegado al Río de la Plata en la expedición de Pedro de Cevallos, el fundador del virreinato, en 1776, época que, entre otras cosas, vería el intento de trazar los límites en América entre España y Portugal. A la fundación del último virreinato español en América tendría que seguir la formación de distintas comisiones de límites que dirimieran definitivamente lo que los viejos mapas habían contribuido a enmarañar. Estas comisiones estaban formadas por los mejores científicos españoles y europeos de la época, y su valía influyó sobre la formación intelectual de los criollos.

Boneo integró la III Comisión, comisariada por Félix de Azara, que comenzó su labor en 1783. También realizó una importante labor hidrográfica y geodésica, se adentró en el Matto Grosso y navegó los ríos, Tebicuarí, Paraná y Paraguay, en procura de datos hidrográficos y, de paso, de portugueses. Boneo los descubrió: dos fortalezas brasileñas ilegales a orillas del río Paraguay: Nueva Coimbra y Albuquerque. Como muchos de los grandes héroes, Boneo murió solo y en el olvido. Él, que como tantos de sus antepasados, había vestido el hábito de la Orden de Santiago, y que, al igual que ellos, rindió honor hasta el fin a tan prominente título. Este libro echa luz sobre una época muy interesante de nuestra ciudad, caracterizada por la vehemente lucha de los criollos contra los españoles peninsulares, especialmente en el ámbito del Cabildo. Boneo era uno de estos peninsulares (había nacido en Palma de Mallorca en 1749), y como tal sufrió la inquina y la envidia de la facción más conservadora de la burguesía porteña, que por fin logró que Carlos IV le ordenara volver a su ciudad natal, donde murió olvidado en 1805.

Autor: Martin Francisco Boneo | Editorial: Letemendia

 

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José Abel Autor

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