“El pasado está debajo de las ciudades: hay que buscarlo y entenderlo.”

El arquitecto y arqueólogo argentino Daniel Schávelzon es un pionero en nuestro país en excavar el suelo de las ciudades para encontrar objetos del pasado y recuperar la memoria, tarea que desarrolla desde hace décadas y lo convirtió en una autoridad y un referente en la materia a nivel nacional e internacional. Por ello, es habitual su presencia en los medios dando a conocer sus –por llamarlos de alguna manera- “descubrimientos”. Sus investigaciones dieron a luz datos trascendentales acerca del devenir de poblaciones de antaño que hablan más del presente de lo que creemos y que, lejos de resultarnos ajenos, nos involucran a todos porque son parte de nuestra historia.

Su área de trabajo principal es la arqueología histórica en áreas urbanas que ha desarrollado e impulsado en Buenos Aires y otros sitios del país y del exterior. Asimismo, se especializa en temas de conservación del patrimonio cultural, políticas culturales y tráfico ilegal de obras de arte.

Schávelzon se recibió de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1975 y tiempo después partió al exilio ante el golpe militar ocurrido al año siguiente. Al principio se estableció en Ecuador, donde incursionó en la Arqueología como docente e investigador. 

Posteriormente, se trasladó a México, país en el cual residió durante varios años. Allí se abocó a la problemática de la conservación y restauración de monumentos prehispánicos, obtuvo una Maestría en Restauración de Monumentos en 1981 y un Doctorado en Arquitectura Precolombina en 1984, ambos en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Al año siguiente, la vuelta de la democracia en nuestro país marcó su retorno a estos lugares.

En 1991 fundó el Centro de Arqueología Urbana, dependiente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, que dirige desde entonces. Asimismo, en 1996 puso en marcha el Área de Arqueología Urbana en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el transcurso de los años, el Centro desarrolló numerosos y relevantes  estudios en Buenos Aires y el resto del país, transformándose en una institución modelo en América Latina en la materia. 

Así, Schávelzon y su equipo llevaron a cabo excavaciones en lugares significativos de la ciudad y en los restos de aquellos sitios que fueron demolidos como el Cabildo, la Casa Ezcurra, la Imprenta Coni, la Aduana Taylor, la Casa Rosada, el Museo Histórico Nacional, el Caserón de Rosas, el Parque Tres de Febrero, el Parque Lezama, la Casa Mínima, Michelángelo, el Café de Hansen, la Casa del Naranjo, la Casa del Virrey Liniers, los Talleres Vasena y los túneles. En consecuencia, se logró el reconocimiento de la actividad como campo de investigación científica por los organismos nacionales. 

Schávelzon fue profesor titular de Diseño y Urbanismo en la Facultad de Arquitectura de la UBA e Investigador Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) desde 1985 hasta su retiro en 2018. Publicó más de cincuenta libros y 200 trabajos en revistas científicas y de divulgación de diferentes países. A su vez, obtuvo varias distinciones como la Beca Guggenheim y el Premio Bernardo Houssay Investigador Consolidado, y dictó más de 200 conferencias y ponencias en congresos.

Con sus investigaciones, Schávelzon derribó varios mitos relacionados con la historia de Buenos Aires. Según el renombrado arquitecto, la ciudad tuvo una sola fundación, la de 1580 por Juan de Garay. Asimismo, niega de plano que los túneles porteños sirvieran para esconder esclavos. Hace un llamado para que los argentinos valoremos nuestro patrimonio cultural y rescata la importancia de los afrodescendientes en la conformación de la cultura porteña. Las conclusiones de sus estudios y excavaciones fueron el núcleo central del diálogo que sostuvo con AreaUrbana. 

¿Qué es el Centro de Arqueología Urbana y cómo surgió la idea de constituirlo?

Es un centro de investigaciones que se dedica a hacer arqueología en la Ciudad de Buenos Aires, dependemos de la Universidad de Buenos Aires. Lo creé porque viví muchos años en México, donde esa actividad era habitual. Acá no existía, entonces cuando vine del exilio, al terminar la dictadura, lo constituí. A partir de ese momento fue creciendo y así continúa hasta hoy.

¿Cuáles son los objetivos del Centro?

Excavar, demostrar que los restos del pasado, como en todo el mundo, están debajo de las ciudades y no sólo en el medio del campo. Aunque haya edificios, calles y cañerías, el arte del pasado sigue estando debajo del piso.

¿Cuántos objetos componen la colección del Centro? 

El Centro tiene una colección de objetos pequeña porque los objetos, por ley, tienen que ir a la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de la Ciudad. Después de las excavaciones, los objetos que se encuentran, como son del Estado, no son privados, el arqueólogo los lleva, los estudia, hace el trabajo técnico y después se guardan para el futuro en ese organismo, que es donde quedan.

¿Cuántas personas integran el Centro? 

Lo integran diez personas, que son profesionales; algunos estudiantes colaboran, ayudan. Todo el mundo es bienvenido pero es una actividad profesional. Los que vienen deben tener una formación, no se puede improvisar.

¿Cuáles son los objetos más insólitos que encontró en todos estos años de investigación?

Obviamente acá no hay tesoro de oro y plata y los piratas no enterraron joyas debajo del piso, eso es para las películas. Lo más interesante es haber demostrado que la ciudad tiene un pasado que está enterrado y hay que buscarlo, y que eso está, eso existe y nunca se lo había tomado en cuenta. Se pensaba que para excavar, para hacer arqueología, había que ir a Egipto y en realidad a la vuelta de la esquina hay 400 años de historia.

¿Cuál es el proyecto más significativo en el que trabajó?

Las excavaciones en San Telmo, todo lo que es la recuperación de San Telmo como lugar histórico, haber entendido la importancia que tiene el centro histórico de Buenos Aires para una ciudad moderna que crece todos los días. Por eso llevo tantos años trabajando en ese barrio.

¿En qué proyectos está trabajando en la actualidad?

No es la mejor época pero estamos terminando un libro importante sobre una excavación en San Telmo que se hizo en la calle Bolívar. En San Telmo había un arroyo llamado Tercero del Sur, que cruzaba todo el barrio, que generaba muchos problemas de inundación, por eso era una zona donde nadie quería vivir. Ese arroyo hubo que entubarlo, hubo que crear una especie de túnel muy largo, muy importante, que cruzaba debajo de todo San Telmo. Eso después sirvió para que surgieran muchos mitos de grandes túneles. Parte de ese túnel quedó debajo de los edificios antiguos. Estuvimos estudiando eso, abriendo parte del túnel.

¿Tiene inconvenientes para financiar sus investigaciones?

Por supuesto, como todo el ámbito cultural. No es un país pródigo en dar dinero para la cultura. No es que no lo haya pero no nos caracterizamos por ello en Argentina. Todos tenemos problemas.

De acuerdo a lo investigado, usted señala que hubo una primera y única fundación de Buenos Aires, que fue la de 1580 por Juan de Garay. ¿Cuáles son los argumentos para sostener esta hipótesis?

Los que dicen que hubo dos fundaciones de Buenos Aires no leyeron los libros de Historia. Fundación hubo una; que antes hubo otro señor acá con un montón de gente, es cierto pero no fundaron nada. Una cosa es estar, yo puedo ir a la casa de mi tío y no por eso soy el dueño. Una cosa es fundar, fundar implica un acto legal de fundación. Otra cosa es llegar, estar un tiempo arriba del barco, en un rancherío e irse, eso no es fundar, salvo que uno quiera hacerse el importante y creer que tenemos una historia más importante de la que tenemos pero Pedro de Mendoza no fundó Buenos Aires. Para la Historia esto es así. Habrá gente que crea otra cosa, está bien pero que algún día lo demuestre. Una cosa es la difusión y otra la investigación. Esa supuesta “primera fundación” fue no más que un rancherío, gente que venía en el barco, bajaron, pusieron unos palos, unas ramas. Por ello no hay datos concretos sobre eso, porque en realidad no había nada, no era algo importante, era como un campamento donde poder entrar, subir por los ríos y conquistar. Venían a conquistar, no a fundar. Mendoza era un conquistador, había firmado un contrato con el rey para llevarle oro, ésta es la realidad. Otra cosa fue Garay que vino a fundar una ciudad con gente, a establecerse, que es distinto.

También usted sostiene que durante muchos años Buenos Aires fue una ciudad inviable. ¿Por qué?

Porque si uno viene a fundar sabe que tiene que trabajar la tierra, tiene que criar animales. Si venís a la rapiña, no era posible porque no había a quien robarle nada.
Acá no había oro, plata, joyas ni nada por el estilo. Tomó tiempo hasta que Buenos Aires se constituyó en ciudad, fue hasta que entendieron que había que fundar, instalarse y ponerse a trabajar. La rapiña no daba dinero, había que trabajar, cosa que nos cuesta mucho a todos. 

A su vez, la epidemia de fiebre amarilla implicó un gran cambio en la estructura social de la ciudad.

Fue un golpe duro porque la ciudad no tenía forma de manejar una situación tan grave y lo único que se podía hacer era dejar que la gente se muriera, no había ni cementerios suficientes. Fue duro, podemos compararlo con la reciente epidemia del Covid. El problema fue que no había cloacas, no había sistemas de desagüe, no había agua potable, eso fue lo que generó esa peste. Todo era muy elemental, era una ciudad grande, que había crecido mucho y que no tenía la infraestructura necesaria de salubridad. Fue uno de los peores momentos de la historia de la ciudad porque las autoridades no sabían qué hacer, no había ni experiencia, ni hospitales, nada que permitiera hacer algo. Muy pocos años después empezó a desarrollarse una infraestructura sanitaria. En cuanto se hicieron las obras sanitarias, cambió todo.

Mediante su investigación usted derribó varios mitos respecto a los túneles de Buenos Aires como que estaban llenos de cadáveres o que servían para esconder a los esclavos.

Uno cuenta lo que encuentra y lo que no encuentra, no lo encuentra. Por algo será que uno no encuentra algunas cosas, porque no existen. La fantasía es muy linda pero otra cosa es la realidad. Hay muchos mitos en relación a los túneles, hay mitos de tantas cosas, hasta en la política. Es mentira que se escondieron esclavos en los túneles. El contrabando siempre fue público, abierto, se hizo por el puerto, nadie va por un túnel de 50 cm de ancho arrastrando cientos de esclavos, es una locura. Ellos entraban caminando, había mercado de esclavos para venderlos y comprarlos, era un negocio público, quién iba a esconder qué. Los túneles no se usaron porque nunca se terminaron y tampoco la ciudad tuvo guerras. Sólo dos veces llegaron los ingleses y los túneles ni siquiera hicieron falta, la población se defendió de arriba, tirándoles aceite hirviendo desde las terrazas.

De acuerdo a su investigación, los afroargentinos jugaron un papel importante en la conformación de la cultura porteña, a pesar de que en la historia oficial se habla poco de ellos.

Se habla poco de ellos porque nosotros también discriminamos y somos racistas al igual que otros pueblos. A veces uno dice que los otros discriminan o que los otros son racistas y nosotros también o por qué no. Está mal, claro que sí. Hablamos de los esclavos de otros pero no de los nuestros. Lo que pasa es que queda mal decir que San Martín o Rosas o quién sea, todos tenían sus esclavos, por supuesto que los tenían. O sea que nos quedamos sin héroes, y eso duele.

¿En nuestro país, cuidamos el patrimonio cultural o hay desidia respecto a este tema?

No lo cuidamos, es lamentable, terrible, ni entendemos cuál es su importancia… Con viajar a otros países, no muy lejos, alrededor nomás, ya nos daríamos cuenta. Es un problema de raíz cultural, nada más. Es un tema de incultura y de memoria de la sociedad. En vez de quitar la Historia de la educación, justamente es lo que hay que enseñarles a los chicos, a recuperar su memoria.

Por Laura Brosio

 

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José Abel Autor