De la recolección tradicional a la inteligencia de datos. Cómo la incorporación de algoritmos, análisis geoespacial y monitoreo satelital está transformando la basura de un problema invisible en un recurso estratégico. Una mirada profunda sobre la digitalización de los servicios municipales y el desafío de erradicar los basurales a cielo abierto con soluciones costo-efectivas.
La basura, durante mucho tiempo, fue pensada como el final de una historia. Algo que se descarta, que desaparece, que se aleja de la vista y, con suerte, también de la preocupación pública. En algunos municipios de la Argentina, esa lógica se tradujo durante décadas en un modelo de gestión centrado en la recolección y disposición final: camiones que recorren barrios, rellenos sanitarios que reciben toneladas diarias y estructuras municipales enfocadas en sostener un servicio esencial pero muchas veces invisible. Toda esa logística, sin dudas, no contribuye al medio ambiente y salud de la población, y aún es un sistema muy utilizado en nuestro país. Sin embargo, en los últimos años, varios municipios comenzaron a cambiar esa mirada. Lentamente, con avances desparejos y todavía lejos de consolidarse, la gestión de residuos comenzó a incorporar una dimensión nueva: la tecnológica.
La basura como recurso
Este cambio no es solo técnico, sino también conceptual. Hoy empieza a instalarse la idea de que la basura no es únicamente un problema a resolver, sino también una fuente de información, un insumo potencial y un campo de innovación. El director del Instituto para el Desarrollo Sustentable de Rafaela (IDSR), en la provincia de Santa Fe, Enrique Soffietti, dice a AreaUrbana que este proceso no es casual: “Rafaela es considerada un caso de innovación por su modelo integral de gestión de residuos. Este enfoque logró sostenerse en el tiempo porque no se construyó como una suma de iniciativas aisladas, sino como una política pública estructural, con continuidad, reglas claras y fuerte apropiación social”. Y agrega más adelante que “su permanencia se explica por la institucionalización y el marco normativo: la creación del Instituto para el Desarrollo Sustentable (IDSR) mediante ordenanza permitió dar estabilidad, previsibilidad y continuidad a las políticas, más allá de los cambios de gestión”. En ese contexto, herramientas como la inteligencia artificial, el análisis de datos, la biotecnología y las plataformas digitales comienzan a abrir nuevas posibilidades para los municipios. No se trata de reemplazar el sistema tradicional, sino de transformarlo, de hacerlo más eficiente, más inteligente y, sobre todo, más anticipatorio.
IA para detección temprana de basurales
Uno de los aspectos más visibles de esta transformación es el uso de inteligencia artificial para detectar basurales a cielo abierto. Puede parecer una aplicación específica, pero en realidad representa un cambio profundo en la forma de entender el problema. Durante años, la identificación de basurales dependió de recorridos en territorio, denuncias vecinales o relevamientos manuales. Era, en esencia, un proceso reactivo. Hoy, en cambio, existen desarrollos que permiten analizar imágenes satelitales mediante algoritmos capaces de reconocer patrones asociados a la acumulación de residuos.
Sobre esta tecnología, la investigadora docente del Área de Tecnologías de la Información Geográfica y Análisis Espacial del Instituto del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Andrea Pamela Flores, explica a AreaUrbana con precisión técnica: “A partir de un entrenamiento previo, el algoritmo desarrollado ha logrado identificar zonas con presencia de residuos y esto incluye a los grandes predios, a los micro basurales y algunos puntos de arrojo. De esta forma, el algoritmo identifica y clasifica objetos o elementos sobre imágenes satelitales o aéreas que presentan resoluciones espaciales medias y altas. Estas tecnologías, como la inteligencia artificial y los algoritmos de visión computacional, permiten que el algoritmo ‘aprenda’ a identificar un objeto que presenta ciertas características, como por ejemplo un basural o punto de arrojo”. En Argentina, varias universidades avanzaron en este tipo de soluciones. Equipos de investigación desarrollaron modelos de visión computacional que pueden identificar basurales con bastante precisión, incluso en zonas de difícil acceso. La diferencia no es menor: actuar cuando el problema recién aparece implica costos más bajos, menor impacto ambiental y mayor efectividad en la respuesta.
Este tipo de herramientas también cambia la lógica de la gestión pública. Ya no se trata solamente de responder a un reclamo, sino de anticiparse a una situación. En lugar de esperar a que un basural crezca y se convierta en un problema estructural, los municipios pueden intervenir en etapas iniciales. Es un cambio que acerca la gestión de residuos a otras áreas donde el uso de datos ya es central, como la seguridad o la salud. Según la investigadora Andrea Pamela Flores, de la UNGS: “Estos datos permiten a la gestión plantear estrategias de saneamiento con diferentes criterios como por ejemplo la composición del material arrojado, su impacto en el ambiente inmediato (el barrio, la población aledaña), la presencia de arroyos en la zona o la profundidad de las aguas subterráneas. El mapa como instrumento centraliza la información sobre los actores, las infraestructuras y los equipamientos propios de la gestión de los RSU, y facilita la lectura de su distribución retroalimentando el proceso de valorización de los materiales”.
Además, Flores añade sobre el rol de las instituciones educativas: “Desde el Instituto del Conurbano de la UNGS, brindamos asistencia técnica a los municipios a partir de la elaboración de diagnósticos territoriales. La UNGS posee un fuerte anclaje territorial y una oferta académica vinculada a la gestión de servicios urbanos y ecología política. Esto permite formar cuadros técnicos y políticos con una visión integral del territorio”.
Optimización de la recolección
Algunos municipios comenzaron a dar pasos concretos en esta dirección. En San Miguel de Tucumán, por ejemplo, se implementaron sistemas que combinan inteligencia artificial con imágenes satelitales para detectar microbasurales. La experiencia permitió mejorar los tiempos de respuesta y organizar de manera más eficiente las tareas de limpieza. En lugar de depender exclusivamente de inspecciones o denuncias, el municipio cuenta con una herramienta que le permite monitorear el territorio de forma continua. En la Ciudad de Mendoza, la incorporación de inteligencia artificial también se orientó a la detección de basurales, pero con un énfasis mayor en la planificación. Los datos obtenidos se utilizan para rediseñar circuitos de recolección, identificar zonas críticas y ajustar políticas públicas. En este caso, la tecnología no solo permite ver mejor, sino también decidir mejor.
Pero la transformación no se detiene en la detección. Otro de los ejes clave es la optimización de la recolección de residuos, un aspecto central en cualquier sistema de gestión urbana. Aquí aparece el concepto de “ciudades inteligentes”, que propone utilizar datos en tiempo real para mejorar la eficiencia de los servicios públicos. En la práctica, esto se traduce en sistemas que permiten monitorear recorridos, analizar patrones de generación de residuos y ajustar la logística en función de la demanda.
Desde la perspectiva de María Melina Michlig, del Instituto para el Desarrollo Sustentable de Rafaela y responsable de Comunicación Ambiental , “la separación en origen y recolección diferenciada deben estar acompañadas por comunicación clara, logística adecuada y seguimiento. A través de la comunicación clara y el análisis de datos se busca mejorar la eficiencia de los recorridos de recolección diferenciada. En Rafaela, el trabajo permanente en concientización y formación es uno de los factores de mayor impacto; la educación ambiental sostenida generó hábitos sociales arraigados, transformando a la ciudadanía en protagonista del sistema”.
Por su parte, Andrea Pamela Flores de la UNGS refuerza esta idea de eficiencia digital: “Contar con herramientas digitales facilitará el intercambio de información, evitará la duplicación de esfuerzos y favorecerá el estudio de los posibles destinos de los RSU. Las herramientas digitales y los datos sistematizados aceleran el acceso a la información y permiten el modelado de escenarios para planificar el manejo de residuos. El uso de las TIG (Tecnologías de la Información Geográfica) permite la integración de diversas fuentes de datos para el análisis espacial, fundamental para optimizar rutas y servicios”.
En Vicente López, por ejemplo, se avanzó en la implementación de herramientas que optimizan las rutas de recolección y priorizan zonas con mayor acumulación. Este tipo de soluciones permite reducir costos operativos, disminuir emisiones y mejorar la calidad del servicio. La lógica es bastante clara: no todos los barrios generan la misma cantidad de residuos, ni todos los días son iguales. Sin embargo, durante mucho tiempo, los sistemas de recolección funcionaron con recorridos fijos y frecuencias establecidas de manera general. La incorporación de datos permite romper con esa rigidez y avanzar hacia esquemas más flexibles y adaptativos.
Para que esto sea sostenible, Enrique Soffietti director del Instituto para el Desarrollo Sustentable de Rafaela aclara a AreaUrbana: “Otro pilar es la infraestructura y sistema integrado: el desarrollo del Complejo Ambiental y el cierre del basural a cielo abierto marcaron un punto de inflexión, consolidando un sistema técnico capaz de sostener en el tiempo la gestión diferenciada. Pero nada de esto funciona sin articulación público-privada: involucrar activamente al sector productivo, instituciones y organizaciones sociales en la gestión de residuos es vital para el éxito del modelo”.
Valorización de residuos: biotecnología e innovación
Este enfoque también tiene implicancias ambientales. Optimizar recorridos significa reducir el consumo de combustible y, por lo tanto, las emisiones de gases contaminantes. En un contexto donde las ciudades buscan ser más sostenibles, este tipo de mejoras cobran especial relevancia. Ahora bien, quizás el cambio más interesante esté en lo que ocurre después de la recolección. Tradicionalmente, el objetivo fue disponer los residuos de la manera más segura posible, generalmente en rellenos sanitarios. Sin embargo, en los últimos años empezó a ganar fuerza otra idea: la de valorizar los residuos, es decir, transformarlos en recursos.
Aquí es donde la combinación de biotecnología e inteligencia artificial abre un campo especialmente innovador. En algunas experiencias desarrolladas en Argentina, particularmente en ámbitos universitarios, se están utilizando modelos de IA para optimizar procesos biológicos aplicados al tratamiento de residuos. Esto incluye la producción de bioplásticos, la generación de bioenergía y el aprovechamiento de residuos orgánicos.
Desde la Asociación EcoRaíces, la Lic. Ivana Zapico, que se desempeña como educadora ambiental y coordinadora en la entidad, detalla a AreaUrbana que “trabajamos para correr el eje de la basura como descarte y volver a ponerla en la cadena de valor como material, conocimiento y oportunidad de articulación. Somos una asociación civil con una trayectoria iniciada en 2003, y a lo largo de estos años construimos alianzas con gobiernos, empresas, organizaciones, cooperativas y universidades para impulsar modelos de gestión integral con participación social y generación de empleo. Entendemos que ese cambio de paradigma no ocurre por una acción aislada, ni por una campaña puntual, sino por una estrategia integral. Por eso impulsamos un ecosistema de formación, acción y comunicación ambiental que articula cursos, plataformas de visibilización como PACTA y materiales territoriales como cuadernillos y podcasts. Cuando existen saberes, redes y destino para los materiales, el residuo deja de ser ‘lo que sobra’ y empieza a verse como un recurso dentro de la economía circular”.
En la misma línea, Miguel A. Moro, responsable de la Gestión de residuos Patogénicos con Nanotecnología y Biotransformación de residuos orgánicos agroindustriales, afirma a AreaUrbana que “la gestión de residuos patogénicos con nanotecnología y la biotransformación de residuos orgánicos agroindustriales permiten una valorización real. Estos procesos tecnológicos avanzados aseguran que los materiales orgánicos retornen al ciclo productivo de forma segura y eficiente, reduciendo drásticamente la huella ambiental”.
Estos sistemas funcionan ajustando variables en tiempo real, como temperatura, humedad o composición, para mejorar la eficiencia de los procesos. La inteligencia artificial permite identificar condiciones óptimas y adaptarse a cambios, algo que sería muy difícil de lograr de manera manual. En muchos casos, además, se trata de soluciones de bajo costo, lo que abre la puerta a su implementación en contextos diversos. Detrás de estas iniciativas hay un cambio de paradigma importante. Los residuos dejan de ser vistos como un problema que hay que eliminar y pasan a ser considerados como un recurso que puede generar valor.
Caren Ocampo, desde el área de Administración del Instituto para el Desarrollo Sustentable de Rafaela, agrega que “Rafaela demuestra que la gestión eficiente de residuos no depende únicamente de la tecnología o la inversión, sino de una visión estratégica sostenida, una comunidad comprometida y un Estado que articula y lidera el proceso. La principal enseñanza es construir de manera progresiva e integrar dimensiones ambientales, sociales y económicas en cada paso”. Enrique Soffietti, director de esa entidad, aclara a Revista AreaUrbana que “buscamos la institucionalización del reciclaje con una lógica inclusiva y productiva. No es solo un tema de ingeniería, es un tema de justicia social y desarrollo local”.
GovTech: modernizar la gestión pública
Este enfoque se vincula con la economía circular, un modelo que busca reducir el desperdicio y reutilizar materiales dentro del sistema productivo. Sin embargo, la incorporación de tecnología en la gestión de residuos no depende únicamente de la disponibilidad de herramientas. También requiere un marco institucional adecuado. En este sentido, en los últimos años comenzó a discutirse con más fuerza el concepto de GovTech (enfoque integral de digitalización gubernamental) , que plantea la necesidad de modernizar el Estado a partir del uso de tecnología. En la práctica, esto implica repensar la forma en que los municipios se vinculan con el ecosistema de innovación para encontrar soluciones a problemas públicos.
Andrea Pamela Flores, docente investigadora de la UNGS, advierte sobre las barreras y relata que “una de las barreras para el escalado de este tipo de innovaciones es presupuestaria, el mantenimiento de grandes bases de datos requiere de personal calificado y equipamiento adecuado. Si bien existen soluciones en la nube, los organismos deben velar por la seguridad de la información y ello implica invertir y mantener hardware, software y recursos humanos idóneos”. Más adelante remarca que “en Argentina contamos con la Estrategia Nacional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (ENGIRSU) y, a 20 años de su puesta en marcha, resulta oportuno revisar y afianzar el trabajo interjurisdiccional. Contar con herramientas digitales facilitará el intercambio de información, evitará la duplicación de esfuerzos y favorecerá el estudio de los posibles destinos de los RSU”.
Innovaciones emergentes y desafíos en Argentina
En la optimización de rutas de recolección mediante sistemas de monitoreo en tiempo real. Esto se tradujo en una mejora operativa concreta, con impacto tanto económico como ambiental. En el ámbito académico, los desarrollos impulsados por universidades en el conurbano bonaerense lograron avances significativos en la detección de basurales mediante inteligencia artificial. Estos proyectos no solo generaron conocimiento, sino que también abrieron la puerta a su aplicación en políticas públicas. Finalmente, las iniciativas vinculadas a biotecnología en Santa Fe muestran el potencial de combinar inteligencia artificial con procesos de valorización de residuos. Aunque todavía en etapa de desarrollo, representan una de las líneas más innovadoras y con mayor proyección.
Para fortalecer estas capacidades, Ivana Zapico de EcoRaíces menciona a AreaUrbana una herramienta clave: “Desarrollamos un sistema de becas que permite ampliar el alcance de estos procesos, a través del financiamiento de empresas y municipios. Estas becas están orientadas a docentes, funcionarios, jóvenes y líderes de organizaciones para fortalecer capacidades locales. La tecnología, por sí sola, no resuelve el problema; integrada a una política pública estable, con mirada territorial y gobernanza colaborativa, sí puede convertirse en una verdadera palanca de escala. Invitamos a las instituciones a explorar estas líneas de trabajo en www.ecoraices.org.ar”.
Estos casos, con sus diferencias y limitaciones, permiten vislumbrar un camino posible. No se trata de soluciones mágicas ni de transformaciones inmediatas, sino de procesos graduales que, en conjunto, pueden redefinir la forma en que las ciudades gestionan sus residuos.
La basura, en este nuevo escenario, deja de ser simplemente un problema a resolver y se convierte en un punto de partida. Un punto desde el cual repensar la relación entre tecnología, ambiente y gestión pública. Un punto que, si se aprovecha adecuadamente, puede abrir oportunidades no solo para mejorar los servicios urbanos, sino también para construir ciudades más sostenibles, más eficientes y más inteligentes. Como bien concluye el equipo del IDSR de Rafaela: “Más que copiar el modelo, la principal enseñanza es asegurar coherencia entre lo que se comunica y lo que el sistema realmente puede sostener. Priorizar la educación y la participación es el único camino para que el residuo deje de ser una carga y se transforme en una oportunidad para la comunidad y el ambiente”.
Por José A. Lemos
