Cuando un incendio se extingue, la percepción pública piensa en un alivio. Sin embargo, para la gestión pública local, el verdadero desafío comienza. Los incendios, ya sean de origen natural o provocados, transforman el paisaje en un escenario desolado cubierto por un manto de cenizas que no es inerte, y constituye un residuo invisible con impactos duraderos. Es en este punto donde el rol de los municipios se vuelve crítico, no solo como gestores de la emergencia, sino como garantes de la salud pública y protectores del medio ambiente frente a lo que técnicamente se denominan cenizas peligrosas.
La anatomía de un peligro invisible
Para que un gobierno local pueda actuar con eficacia, primero debe comprender la naturaleza del riesgo. Las cenizas no son simplemente polvo; son el resultado de procesos de combustión complejos que, especialmente en incendios industriales, urbanos o en vertederos, liberan un sinfín de sustancias altamente tóxicas. Se encuentran entre ellos: metales pesados, dioxinas, furanos y microplásticos, además de partículas finas que pueden contaminar de manera persistente el suelo, el agua y el aire.
El municipio, al ser la entidad gubernamental más cercana al territorio, tiene la responsabilidad ética y política de reconocer que estas cenizas representan un legado del fuego que sigue dañando mucho después de que las llamas se han apagado. Ignorar la toxicidad latente en el paisaje post-incendio es condenar a la biota y a la población a una exposición silenciosa pero devastadora.
El vacío normativo y el liderazgo local
Uno de los puntos más alarmantes es la ausencia de lineamientos estandarizados para la recolección, separación, almacenamiento y disposición final de estos residuos. Actualmente, no existen normativas claras que indiquen cómo proceder de manera segura. Ante este vacío legal a nivel nacional o regional, los municipios no pueden permitirse la inacción.
El rol municipal debe evolucionar de la respuesta reactiva a la creación de protocolos locales de gestión de cenizas. Es imperativo que las administraciones locales dejen de considerar la limpieza post-incendio como una tarea de mantenimiento urbano común. La limpieza improvisada, que suele realizarse sin el equipo ni el conocimiento adecuado, no solo es ineficiente, sino que expone peligrosamente tanto a los trabajadores municipales como a la población general a contaminantes químicos de alta persistencia.
Hacia una gestión profesional y científica
Para abandonar la improvisación, el municipio debe integrar el monitoreo ambiental como una herramienta esencial de su gestión. Tras un siniestro, es responsabilidad local evaluar los impactos residuales en la biota y en los recursos hídricos y edáficos. Esto requiere una inversión en ciencia y técnica que permita detectar la presencia de hidrocarburos y otros contaminantes antes de que se filtren en las napas freáticas o sean dispersados por el viento hacia zonas residenciales.
Además, el municipio debe asumir un papel de educador y divulgador. Dado que el tema de las cenizas peligrosas es poco conocido y carece de divulgación adecuada, la autoridad local debe ser el puente que informe a la comunidad. La transparencia en la comunicación no solo previene la exposición accidental, sino que construye confianza ciudadana en la gestión de desastres.
Vale destacar que, a raíz de la brutal explosión en el Polo Industrial Spegazzini de la localidad de Ezeiza ocurrido el 14 de noviembre de 2025, el Consejo Profesional de Química ha buscado establecer contacto con más de 70 municipios de la Provincia de Buenos Aires, especialmente con aquellos que poseen parques industriales. Dicha acción tuvo como objetivo que las administraciones municipales del territorio bonaerense comiencen un trabajo mancomunado con nuestra entidad colegiada, de cara a buscar soluciones conjuntas a esta problemática. En este sentido, entre otros aspectos, el Consejo se puso a disposición para elaborar programas de capacitación para la debida gestión de este tipo de residuo tóxico, buscando a su vez incorporar como requisito obligatorio para la habilitación y funcionamiento de toda planta industrial que manipule sustancias químicas, lo siguiente:
- Designación de un profesional químico debidamente matriculado en el ámbito del Consejo Profesional de Química de la Provincia de Buenos Aires, como responsable técnico de las actividades vinculadas al manejo de sustancias y procesos químicos.
- Acreditación de idoneidad técnica, mediante la presentación de la matrícula profesional vigente y del cumplimiento de los estándares de competencia establecidos por esta institución.
- Validación periódica de conocimientos, a través de un sistema de exámenes bianuales o mecanismos equivalentes de evaluación continúa gestionados por el Consejo, asegurando la actualización en materia de normativa, seguridad industrial, gestión de sustancias químicas y buenas prácticas profesionales.
Lamentablemente, se debe remarcar como hecho de gran relevancia a la falta absoluta de respuesta por parte de los municipios ante lo planteado.
Conclusión: Una responsabilidad ineludible
En conclusión, el rol de los municipios en el manejo de las cenizas peligrosas es multidimensional: debe ser normativo, operativo y educativo. No se trata solo de “limpiar el desastre”, sino de gestionar un residuo químico complejo que tiene la capacidad de alterar profundamente la salud. La falta de regulaciones superiores no debe ser una excusa para la negligencia, sino un llamado para que el liderazgo municipal sea pionero en la implementación de prácticas seguras y científicamente respaldadas, a lo que el Consejo Profesional de Química pone sus conocimientos para sumar a este desafío.
La gestión de las cenizas es, en última instancia, una prueba de la capacidad de un municipio para proteger su futuro. Si el fuego destruye lo visible, las cenizas mal gestionadas corroen lo invisible.
Por Dr. Carlos Colangelo – Presidente Consejo Profesional de Química de la Provincia de Buenos Aires
