Tecnología y bioconstrucción: El caso de la escuela de Mar Chiquita

La EP Nº 12 ubicada en el pueblo costero es la única en Argentina y la segunda en Latinoamérica construida en 47 días con elementos reutilizables y con el funcionamiento de energías autosustentables.

Mar Chiquita se encuentra a 35 kilómetros de Mar del Plata. Tiene una de las pocas lagunas de agua salobre del mundo: La Albúfera, declarada Reserva de Biósfera por la Unesco. Un paisaje natural donde la laguna se abraza con el mar. En ese ambiente nace la Escuela Primaria N°12, inaugurada en 2018 y construida con latas, botellas, neumáticos, vidrio, cartón, entre otros elementos. Pero no es solo un edificio sustentable. Es un espacio donde se puede educar sobre otras formas de habitar el mundo y construir un legado.

La escuela cuenta con paneles fotovoltaicos, un sistema de recolección de agua de lluvia, huertas para generar alimentos y el acondicionamiento térmico pasivo que les permite mantener temperaturas agradables todo el año, sin utilizar calefactores o ventiladores. “Es un punto de referencia social y territorial.  Es la única escuela sustentable del país. Aporta identidad, reúne a la comunidad y es clave para proyectos de educación ambiental y participación”, destacó la Directora de Ambiente de la Municipalidad de Mar Chiquita, Lucia Bogarín.

Está construida bajo los principios de Michael Reynolds, un arquitecto estadounidense radicado en Nuevo México especializado en bioconstrucción, que promueve la idea de “Earthship” que significa “Nave Tierra”. Esos principios de sostenibilidad hacen referencia a la utilización de energías renovables, al acondicionamiento térmico pasivo, la captación y reutilización de las aguas, la producción de alimentos, la utilización de los materiales reciclados y el factor humano como punto de transformación. Las “Nave Tierra” apuntan al aprendizaje de la naturaleza y son estructuras diseñadas para funcionar por fuera de la red eléctrica de manera ecológica y autosuficiente.

La elección del pueblo costero estuvo ligada mayormente por la presencia de la Albúfera y todo su entorno natural, propicio para albergar este concepto. La idea llegó a Mar Chiquita por medio de la asociación civil uruguaya Tagma, que tiene por objetivo hacer una red de aulas y escuelas públicas sustentables en toda Latinoamérica. “El proyecto es de Uruguay, primero se hizo ahí y luego en Argentina”, aseguró el embajador ad honorem de la escuela marchiquitense, Leonardo Sardi, en referencia a la creación de la Escuela Rural Nº 294 de Jaureguiberry, Uruguay. “Se fue sumando gente y cadenas como Disney, Ala, DirecTV, que pusieron dinero. Después otras fueron donando los vidrios, los tanques, Moura donó las baterías, y así se formó una sinergia entre personas y empresas”, indicó. 

Para comenzar con la propuesta de construcción, los embajadores pusieron 500 dólares y ese dinero fue para la comida y la logística de los días que duró la obra. Los extranjeros abonaron 2 mil dólares para formar parte de la academia y residentes de América 1.500 dólares. Esto permitió además traer al arquitecto Michael Reynolds al país y formar parte de una experiencia completa. “El formato de academia se usa mucho en el mundo, se paga por aprender y a su vez se construye. Un día teníamos la teoría y al día siguiente la práctica en la escuela. Teníamos dos grupos, uno en castellano y otro en inglés”, explicó Leonardo quien participó del armado. 

La organización civil Amartya fue el pie fuerte de Tagma en Argentina para ayudar a construir la escuela. También formaron parte Grupo Nave, Cooperativa Caminantes de Mar del Plata, entre otras. Actualmente, Leonardo realiza un servicio gratuito de visitas guiadas por la institución y siempre está atento frente a cualquier eventualidad o arreglos que puedan surgir. “Es un edificio vivo, no lo puedo abandonar. Es una forma de conectarnos con aquellas personas que les interesa todo esto. Es muy importante en muchos sentidos hacerlo”, remarcó.

La institución cuenta con un acondicionamiento térmico pasivo que se trata de un sistema de calefacción y ventilación totalmente natural. “Se le dice pasivo porque no utilizamos ningún artefacto eléctrico ni a gas. La escuela se ventila con tres tubos de ventilación que tienen 9 metros y cruzan la panza de tierra que están a un metro del piso, por lo cual el aire entra del sur frío y seco, y con un sistema de compuertas podemos hacer ingresar ese aire frío a las aulas”, afirmó la Directora de la Primaria Nº12, Chana Moina. 

Los vidrios dobles que reciben la energía del sol ayudan a calefaccionar el lugar y guardan ese calor en las paredes de neumáticos que dan al sur y también en los pisos que tienen los cristales picados de las botellas que se utilizaron en las paredes este y oeste. Si hace mucho calor, el aire frío que ingresa por los tubos va a empujar el aire cálido al techo y por unas banderolas ubicadas en los salones, más las claraboyas en el invernadero del pasillo, el aire recircula. “Al tener vidrios casi perpendiculares, el sol en invierno atraviesa los vidrios y llegan a las aulas calefaccionándolas. En el verano, como el sol está más alto, atraviesa esos vidrios y queda solo en la huerta, dejando más frescas las aulas”, dijo Chana.

Además del proceso de calefacción natural, también cuentan con recolección de agua de lluvia para poder abastecer las necesidades básicas de hidratación e higiene. “Captamos el agua de lluvia en los techos, que es un principio de sustentabilidad. Una vez que ingresa a las canaletas que reciben el agua, pasan por tres canaletas más grandes que se insertan en los 10 tanques de 3 mil litros cada uno, es decir tenemos 30 mil litros de abastecimiento que están interconectados entre sí”, explicó la directora del establecimiento educativo. 

Las canaletas tienen filtros de piedras donde quedan las impurezas más grandes y después un mallado previo a la entrada de los tanques en el cual suelen alojarse hojas, plumas de aves, etc. Una vez que ingresa el agua a los tanques, se distribuyen y se comunican con tres filtros que están dentro del interior de la escuela. Los mismos son para el agua que se utiliza en el lavado de manos y además existe otro filtro en cerámica de plata previsto para el agua potable. “Nos lavamos las manos con jabones biodegradables porque luego esa agua pasa a la huerta interna, alimentandola por debajo, previo a eso también hay una senda botánica interna que tiene un filtro de piedritas por las dudas que pase alguna impureza o algún químico en las piletas, para evitar que eso llegue a las plantas”, argumentó Moina. 

Después del riego de plantas, tienen una bomba de recirculación con un panel solar aparte que hace recircular esa misma agua, -denominada aguas grises- hacia la mochila de los inodoros. Posterior al uso de los inodoros, esas aguas ya no se pueden reutilizar, se llaman aguas negras y van a fosas sépticas exteriores que separan la materia orgánica. El líquido pasa a una senda botánica exterior que tiene plantas con raíces profundas, lo que permite degradar esas aguas y purificarlas al máximo posible, devolviendo a la naturaleza el agua en las mejores condiciones.

Actualmente, la EP Nº12 forma parte de la UES – Unión de Escuelas Sustentables- una red que trabaja en conjunto con los países de Uruguay, Colombia, Chile, Brasil y con las “aulas escuelas” que están ubicadas en Argentina, Uruguay y Perú. Asimismo, cuenta con un proyecto institucional de visitas guiadas de todos los niveles y especialistas en bioconstrucción. Los estudiantes suelen participar como guías y sorprenden a las visitas con su vocabulario específico y el sentido de pertenencia con el espacio.

 

EL TRABAJO DE SUSTENTABILIDAD 

Desde la Dirección de Ambiente del municipio local, se realizan tareas en gestión de residuos, auditorías y control ambiental. Tienen líneas de acción en educación, campañas comunitarias y protección de ecosistemas. Además, incorporaron criterios de infraestructura sostenible y lograron articular con instituciones de Provincia, Nación, Conicet, IIMyC y universidades.

La tecnología es otro factor clave del trabajo municipal a través de soluciones basadas en la naturaleza como la captación de agua, la eficiencia energética, el compostaje, la forestación nativa y los drenajes sostenibles. “La idea es avanzar hacia un modelo municipal regenerativo aplicable a obras, instituciones y espacios públicos”, indicó la Directora de Ambiente, Lucía Bogarín.

Los habitantes de Mar Chiquita tienen un fuerte vínculo con su entorno natural “especialmente por la Albúfera y la Reserva de Biosfera” remarcó la funcionaria y explicó que la gobernanza es participativa y representativa. “La conciencia ambiental crece año a año, con buena respuesta a campañas y proyectos educativos, aunque aún hay hábitos que requieren trabajo sostenido”.

Desde la Escuela Primaria Nº12 se llevan adelante varios proyectos que permiten crear lazos con la propia comunidad y con otras organizaciones. “Tenemos un programa que se llama ‘Custodios del territorio’ auspiciado por la Universidad del Centro, donde somos custodios del humedal que nos toca, que es la Reserva de Biosfera de Mar Chiquita. Todos los trabajos que se hacen, no solo con el avistaje de aves y el conocimiento, sino también con la gente de Ambiente y con la UNESCO haciendo el informe anual. La escuela está en la red PEA de Unesco, son 76 escuelas Argentinas”, puntualizó Chana Moina.

 

BIOCONSTRUCCIÓN: EL FUTURO POSIBLE

El retorno al orígen, la utilización de las manos, el vínculo con el cielo y la tierra se asocia con el concepto de este tipo de construcciones. No se trata solo de levantar paredes, se debe prestar atención a la ubicación y su orientación en función del sol, de los árboles y los recursos naturales cercanos al territorio. Los materiales que se consideran desechables, como neumáticos y botellas, sirven en realidad para llevar adelante la obra. Otro punto importante es la eficiencia que se logra a través de paneles solares y un sistema de recolección de aguas lluvias que permite su reutilización en baños, cocinas e invernaderos. 

La tecnología, a través de sensores, automatización, software de simulación, entre otras herramientas, se convierte en una aliada para potenciar las propiedades que brinda la naturaleza y lograr un entorno eficiente. Esta arquitectura se puede desmontar y volver a la tierra, mientras que un edificio de hormigón genera toneladas de escombros tóxicos que suelen ser muy difíciles de reciclar. 

Leonardo Sardi, embajador de la EP Nº 12 menciona el término “bioclimatismo” para hablar de un sistema de calefacción basado en la potencia del sol y la recirculación del aire. “En la escuela sustentable no hay estufas de las que conocemos, la naturaleza nos muestra que podemos. El sistema de calefacción solar pasivo funciona con cuatro patas; la primera es ubicar -la construcción- al norte, la segunda se llama zona de intercambio que permite controlar el sol, que entre en invierno y no entre en verano; tercera pata la masa térmica, lo que nos permite poder guardar el calor y la cuarta pata es abrigar la casa”, explicó.

Lo esencial en este tipo de estructuras es aprovechar los recursos naturales y los factores climáticos para que se genere un ambiente de calefacción y refrigeración de forma pasiva, sin la utilización de combustibles fósiles. 

Michael Reynolds fue la inspiración para poner en marcha este sueño en Mar Chiquita y logró estar presente durante los días de la obra, con enseñanzas y aprendizajes para cada participante. Actualmente, lleva adelante un proyecto denominado “Earthship Biotecture”, una organización dedicada a impulsar viviendas en todo el mundo basados en los principios de la sostenibilidad.

Cecilia Wild

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José Abel Autor