La gestión local en Salsacate, Córdoba, ha tomado un rumbo marcado por la resiliencia y la cercanía emocional tras la repentina pérdida del histórico dirigente José “Kelo” Figueroa. En esta edición de Revista AreaUrbana, conversamos con la intendenta Karina Figueroa, quien asumió el desafío de liderar su comunidad en un contexto de duelo personal y crisis sanitaria global.
Cuando la gestión local adquiere un rol cada vez más cercano y humano, las historias de quienes conducen sus comunidades cobran un valor especial. En esta oportunidad, la Revista AreaUrbana conversó con la intendenta de Salsacate, Karina Figueroa, una dirigente cuya trayectoria está atravesada por el compromiso, la vocación de servicio y una profunda historia personal.
Desde sus inicios en la militancia hasta su llegada a la intendencia en un momento particularmente difícil, su recorrido refleja los desafíos de gobernar en cercanía con los vecinos. A lo largo de la entrevista, la funcionaría comparte aprendizajes, obstáculos y objetivos de gestión, poniendo en valor una mirada sensible y comprometida con el desarrollo de su comunidad. Una conversación que permite conocer no solo a la funcionaria, sino también a la persona detrás del rol, de una mujer de una localidad ubicada en el noroeste de la provincia de Córdoba.
Su llegada a la intendencia se dio tras el fallecimiento de su padre, José “Kelo” Figueroa. ¿Cómo influyó en su decisión de asumir la responsabilidad?
Fue un momento muy duro en lo personal. Mi papá falleció de forma repentina, en cuestión de horas, y eso me dejó completamente devastada. A ese dolor se le sumó una gran responsabilidad que apareció de golpe. En ese momento no lo pensé demasiado, simplemente sentí que tenía que hacerme cargo.
El Concejo Deliberante me eligió intendenta interina para continuar su mandato, y acepté con el compromiso de terminar lo que él había empezado. Yo ya venía trabajando a su lado, como presidenta del Concejo y también como parte de su equipo, así que conocía el rumbo.
Hoy, cuando miro hacia atrás, siento que nunca dimensioné del todo lo que se venía… pero decidí seguir. Me apoyé mucho en el equipo de gobierno, que me contuvo, y fuimos para adelante. Fui aprendiendo día a día, y en cada decisión trato de guiarme por la intuición y por pensar siempre en lo mejor para mi pueblo.
Ese inicio coincidió además con un contexto complejo como la pandemia. ¿Qué aprendizajes le dejó ese período tan desafiante?
Era plena pandemia… Imagínate el contexto, era un caos en todos los sentidos. Como decía mi papá, siempre fui corajuda, y creo que en ese momento esa fuerza salió más que nunca.
Me cambió la vida por completo. Mis hijos eran chicos, y yo tenía que ser mamá, esposa e intendenta al mismo tiempo. No sé bien de dónde saqué fuerzas, pero me entregué por completo al servicio de mi comunidad.
Aprendí que muchas veces las cosas no son tan graves como parecen, que hay que mantener la calma. Aprendí a escuchar más, a entender a las personas, a ponerme en el lugar del otro. Y sobre todo, a confiar en la convicción de que el camino que veníamos construyendo era el correcto.
¿Cómo fueron sus inicios en la política y qué lugar ocupaban las aspiraciones personales en ese camino?
Me inicié en política desde muy chica, como presidenta de la juventud radical. Fui pasando por todas las etapas: pegar carteles, organizar reuniones, servir empanadas, armar el comité… todo.
La verdad es que nunca pensé en los cargos. Mi compromiso siempre fue con el trabajo y con el proyecto colectivo. Se fue dando naturalmente, paso a paso, sin planearlo demasiado.
Con el tiempo entendí que esa forma de empezar, desde lo más básico, fue también mi mayor escuela. En distintas oportunidades conté que la militancia en un pueblo te enseña a hacer de todo y, sobre todo, a estar cerca de la gente, a escuchar y a entender las necesidades reales. No hay una distancia entre la política y la vida cotidiana, todo está mezclado.
También aprendí el valor del esfuerzo y la constancia. Muchas veces uno arranca colaborando en tareas simples, sin imaginar hasta dónde puede llegar, pero cada paso te va formando. En mi caso, siempre lo viví como un compromiso con mi comunidad más que como una carrera personal.
Suelo decir que nunca me proyecté en un cargo específico, sino que fui acompañando un proyecto en el que creía, con un fuerte sentido de pertenencia. Eso hizo que cada responsabilidad que fui asumiendo la viviera con naturalidad, como parte de un proceso colectivo.
Creo que esa mirada sigue marcando mi forma de gestionar hoy: entender que nadie llega solo, que hay un equipo y una comunidad detrás, y que la política, cuando se hace con vocación, tiene que ver más con el hacer que con el ocupar un lugar.
Usted suele destacar valores como el esfuerzo, la honestidad y el trabajo en equipo. ¿Cómo se reflejan en su gestión cotidiana?
Para mí esos valores no son un discurso, son la base de todo lo que hago. El esfuerzo se ve en el trabajo diario, en estar presente, en no bajar los brazos, aunque las cosas se pongan difíciles.
La honestidad tiene que ver con hacer las cosas con transparencia, con decir la verdad, con administrar los recursos como si fueran propios, porque en realidad son de todos.
Y el trabajo en equipo es fundamental. Nada de esto se puede hacer sola. Escucho mucho a mi equipo, confío en ellos y creo que las mejores decisiones salen cuando se construyen entre varios.
¿Cómo es un día en su vida como intendenta de un municipio donde la cercanía con los vecinos es permanente?
No hay un día típico, y eso es lo lindo y lo desafiante a la vez. Arranco temprano, organizando la jornada, atendiendo temas administrativos, reuniones y gestiones.
Pero en un pueblo chico la cercanía con el vecino es constante. Te paran en la calle, te escriben, te buscan en la municipalidad. Y eso me gusta, porque te mantiene conectada con la realidad.
Mi día es una mezcla de gestión, territorio y escucha permanente.
En una comunidad tan cercana, ¿cómo maneja el equilibrio entre su vida personal y el rol institucional?
Sí, no es fácil separar. En un lugar donde todos nos conocemos, la vida personal y el rol institucional se mezclan todo el tiempo.
Pero aprendí a convivir con eso. Entiendo que ser intendenta es también estar disponible, escuchar incluso fuera de horario. Al mismo tiempo trato de cuidar mis espacios, mi familia, porque son mi sostén.
Es un equilibrio que se va construyendo día a día.
A lo largo de su gestión, ¿cuáles fueron los momentos más difíciles que le tocó atravesar?
Sin dudas, el momento más difícil fue el inicio, con la pérdida de mi papá y todo lo que eso implicó.
Después hubo muchos desafíos, decisiones complejas, momentos de incertidumbre, pero ese fue el más duro porque atravesaba lo personal y lo institucional al mismo tiempo.
Se vinieron problemas graves de sequía, incendios, problemas con el servicio de agua y ahora el problema que más nos afecta a todos los municipios es la falta de recursos económicos para hacer frente a la demanda de nuestra sociedad.
Usted habla de modernización del municipio. ¿Qué transformaciones concretas impulsaron en ese sentido?
Cuando hablo de modernización me refiero a ordenar, a hacer más eficiente el municipio, a incorporar herramientas que nos permitan brindar mejores servicios.
Fuimos dando pasos en la organización interna, en la forma de trabajar, en acercar más el municipio a la gente. Son cambios que quizás no siempre se ven de inmediato, pero que hacen una gran diferencia en el día a día.
¿Cómo gestiona el vínculo con los vecinos frente a reclamos o situaciones conflictivas?
El vínculo con los vecinos es directo y muy humano. Cuando hay reclamos o situaciones difíciles, lo primero que hago es escuchar.
Entiendo que detrás de cada reclamo hay una necesidad o una preocupación real. A veces no siempre tenemos la solución inmediata, pero dar la cara, explicar y acompañar es fundamental.
La cercanía emocional es un desafío, pero también es lo que le da sentido a todo esto.
En la actualidad, ¿cuáles son los principales desafíos de gestión para el municipio?
Hoy los principales desafíos tienen que ver con seguir creciendo, con gestionar recursos que siempre son limitados y con dar respuestas a las necesidades de la gente.
También es un desafío sostener lo logrado y proyectar hacia adelante, pensando en un desarrollo que sea equitativo y sostenible para todos.
Mi principal proyecto pendiente es lograr construir un nuevo centro de salud, es una propuesta que me gustaría poder cumplir antes de irme.
Desde su experiencia, ¿qué desafíos implica ser mujer al frente de un municipio?
Creo que ser mujer implica desafíos extra, sobre todo en espacios que históricamente fueron más masculinos.
Muchas veces sentís que tenés que demostrar el doble, que se te exige más. Pero también creo que las mujeres aportamos una mirada distinta, más cercana, más empática. En mi caso, lo tomé como una fortaleza.
Mirando hacia el futuro, ¿qué legado le gustaría dejar y cómo le gustaría ser recordada?
Me gustaría dejar un municipio ordenado, en crecimiento, y sobre todo una gestión cercana a la gente. Quiero que me recuerden como alguien que estuvo, que dio todo, que trabajó con honestidad y con amor por su pueblo. También, que me recuerden por “la KARI” , aquella persona que nos dio esperanza y que estuvo cerca en momentos difíciles. La misma persona que me atendió de moza en un bar por muchos años, la que me hizo el catering de un familiar, la que fue intendente y me escuchó cuando lo necesité.
La que se animó a soñar y pensar que Salsacate podía ser mucho más que un pequeño pueblo perdido en el noroeste cordobés.
Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría dejarles a los vecinos de Salsacate?
A los vecinos les diría gracias. Gracias por acompañar, por confiar, por estar en los momentos difíciles y en los lindos.
Y también quiero decirles que voy a seguir trabajando con el mismo compromiso de siempre, pensando en cada uno de ustedes y en el futuro de nuestro pueblo. Siempre sentí —y lo he dicho en otras oportunidades— que el respaldo de la gente es lo que sostiene la gestión en los momentos más complejos. Gobernar un pueblo chico implica un vínculo muy directo, donde cada decisión tiene rostro y cada situación se vive de manera cercana. Por eso valoro profundamente la confianza y el acompañamiento cotidiano.
También creo que hay algo muy fuerte en la identidad de Salsacate: una comunidad que no baja los brazos, que se organiza, que acompaña y que empuja para salir adelante. En ese sentido, muchas veces remarco que mi rol es estar, escuchar y tratar de dar respuestas, pero sabiendo que el crecimiento es un esfuerzo compartido.
A los vecinos les digo que voy a seguir estando, como lo hice desde el primer día, con la misma cercanía y responsabilidad. Que más allá de las dificultades, la convicción de trabajar por el pueblo sigue intacta. Y que cada proyecto, cada gestión, cada decisión, tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de todos y seguir construyendo, entre todos, el futuro de Salsacate
Por José A. Lemos
