Nacida en General Roca, Río Negro, como Stella Maris Coustarot, Teté Coustarot es una de las figuras más emblemáticas y queridas de los medios argentinos. Con una extensa trayectoria como periodista, conductora y modelo. La icónica conductora dialogó con AreaUrbana para recorrer su historia desde sus comienzos, rememorando su infancia en General Roca y sus inicios en los medios.
¿Qué recuerdos te vienen a la mente si te nombro General Roca?
Viví ahí toda hasta los 16 años. Mis padres vivían ahí, habían llegado de otro lado. Tengo dos hermanas, yo soy la del medio. Estoy muy feliz de haber estado en un lugar tan lindo porque es bellísimo. Con el valle, cultivos de frutales, manzanas, peras. Una zona de riego, muy verde y muy linda. Tengo los mejores recuerdos.
¿De qué lugares te acordás de esa ciudad?
Fui a varias escuelas porque a mamá la trasladaban como maestra y yo iba con ella. Hice gran parte en el colegio de monjas en el María Auxiliadora de los Salesianos, ahí me recibí de maestra. Empecé a los 4 años en la escuela porque no había jardín. Después la monja le dijo a mamá ‘mirá, Teté ya sabe todo, aprendió todo, tiene que pasar a primero superior”. Por eso, terminé la escuela tan chica. Fue una etapa muy linda de estar permanentemente jugando en la calle. La bicicleta era nuestro medio de transporte. En verano íbamos al río Negro, divino, con orillas llenas de árboles, la pasábamos muy bien. Iba al club “El Progreso”, donde hacía natación. Como mido 1,76 metro desde los 12 años, por la altura me hacían correr postas. Iba a las fiestas de carnaval, donde había bailes, corsos y los asaltos en casa de los compañeros. Ahí recibí una gran enseñanza: toda esa zona era un desierto, y cuando llegaron los inmigrantes italianos se preguntaron cómo, con semejante río que viene de la cordillera y cruza la provincia, no había cultivos. Empezaron a abrir los canales de riego y transformaron la tierra con el trabajo.
¿A qué plazas concurrías?
La plaza San Martín, cerca de casa, que atravesaba para ir al colegio, pero no iba a la plaza específicamente porque los juegos eran en la vereda o íbamos a la casa de alguien donde había jardines y patios. No necesitábamos un espacio como en las ciudades que necesitas una plaza, lo teníamos en todos lados: chacras, el campo.
¿Te queda familia allá o Volvés muy seguido?
Vuelvo cuando puedo. Y aparte estoy en contacto con mucha gente de allá. Ya no queda nadie de mi familia, pero yo me siento un poco pariente de todo el mundo porque cuando alguien me dice “soy de Roca”, le digo: “ay, qué apellido tenés”. Siempre agradezco haber nacido ahí. Es una bendición.
¿Hay algo de allí que te trae recuerdos inmediatos?
Me pasa que cada vez que voy, la gente me quiere mostrar lo nuevo y a mí me gusta lo que yo recuerdo, las cosas que no se han modificado mucho. La edificación progresó mucho, pero para mí esa es una zona con canales de riego con contacto con el agua, muy linda. Podes ir a una chacra y sacar fruta. Son las cosas más importantes. He vuelto al colegio, me reencontré con mis excompañeras. Pero me gusta recorrer lo que yo recuerdo, lo que quedó. Por ejemplo, yo en mi casa tenía un sótano que a mí me parecía que era inmenso y un día cuando volví después de muchos años me di cuenta que no era tan grande, pero de chica la visión que yo tenía era otra. Otra cosa muy linda es ver alrededor del valle donde las montañas se llaman bardas, que son muy antiguas y la erosión ha hecho que no sean en punta cuando termina, sino que son planas. Me acuerdo cuando era chica, que cuando llovían las bardas se inundaba todo el pueblo y hasta que se hicieron las obras de desvío y contención. A veces en Roca no llovía y de golpe venía una inundación. En casa había compuertas preparadas para cuando viniera “el primer golpe”, que era el más fuerte.
¿Sentís que cambió mucho en todos estos años?
Sí, ha evolucionado. Hay un espíritu que no evoluciona y que tiene que ver con todas esas familias que llegaron en algún momento y sus descendientes. Pero es gente muy amigable, muy hospitalaria cuando llega alguien. Hay un perfume que siento cuando arranco en la ruta 22 que no hay en otro lado que tiene que ver con el agua, con los cultivos, con el verde. Y es un perfume especial para mí. Bajo la ventanilla y me gusta sentir que vuelvo a una etapa.
Sé que además de ser maestra, sos profesora de piano…
Sí, teoría y solfeo. No fue por pasión, mi mamá nos mandó a estudiar a las tres porque había un piano en casa. Hoy ya no toco. Con Diana, mi hermana más chica, íbamos juntas a las clases; pasábamos por un puente del canal grande de riego y siempre decíamos “si se nos caen las partituras, no podemos hacer nada en el agua”. Nunca tuve la pasión por la música, no era nuestra vocación.
Luego vino el modelaje y el periodismo.
Me fui de Roca a estudiar periodismo en la Universidad de La Plata porque la carrera que me gustaba no estaba allá, sino en Buenos Aires. Terminé muy joven y después empecé con el modelaje por características físicas, pero mi vocación siempre fue periodística.
¿Qué te llevó a estudiar periodismo? ¿Estuvo relacionado con General Roca?
Mi padre tenía una agencia de publicidad, trabajaba en la radio y hacía programas. Creo que viene de ese mundo que me empezó a gustar, aunque allá estuviéramos un poco desconectados. Compré una guía universitaria, vi las materias de humanidades y dije “esta es la carrera que me gusta”. Simultáneamente a veces hacía cosas mientras trabajaba como modelo hasta que un día dije: “no, o una cosa o la otra”. Y me dediqué a full al periodismo. Trabajé en Revista Gente con Chiche Gelblung como director y fui corresponsal en Punta del Este siendo mi primer trabajo periodístico. Ya había sido portada en la década del 70’, principio de los 80’. Después vino la televisión en programas como “Siglo XX Cambalache”, “El Pueblo Quiere Saber”, “Teté”, entre otros. Y ahora estoy en “Argentina de Película” por América TV, destacando al cine nacional con entrevistas a sus actores y directores. Es algo fabuloso, estoy muy feliz.
¿Hay algo de General Roca que te defina a vos?
Siempre siento que soy patagónica, algo distintivo del país. La enseñanza que tuve, que creía que todo el paisaje estaba así, sin darme cuenta del trabajo humano que hubo detrás para transformarlo.
