Al oeste de San Miguel, un tramo de la frontera con Moreno no corre por ninguna calle: quedó fijado en el fondo de los lotes de un privado en 1967. La ley que creó el partido (a partir de la escisión de General Sarmiento) en 1994 lo heredó, sin volver a describirlo. Curiosidades y rastros históricos que hoy definen dónde empieza y termina un territorio municipal.
Un tramo del límite entre los partidos de San Miguel y Moreno no corre por ninguna calle, sino por el fondo de lotes trazados en 1967 cuyos propietarios eran el Arzobispado de Buenos Aires y una particular, Tomasa P. Saavedra Zelaya.
La consecuencia es un límite invisible en el terreno: la frontera intermunicipal pasa por las medianeras de fondo de los lotes. Dos vecinos que comparten un mismo paredón pertenecen a municipios distintos.
La Ley 11.551 de 1994, que creó San Miguel, José C. Paz y Malvinas Argentinas, no volvió a describir el límite con Moreno. Lo heredó con una fórmula genérica: “por el límite del Partido de Gral. Sarmiento… y otros rumbos después”. Es decir, el Estado provincial arrastró sin revisar la traza que había quedado fijada en la documentación de una subdivisión privada.
Esta curiosidad jurisdiccional es apenas una de tantas que surgen al investigar cómo se fue poblando, dividiendo y organizando el vasto territorio de la Provincia de Buenos Aires conforme crecía su población y actividad económica, sobre todo a partir de fines del siglo 19.
Vecinos “separatistas” se quieren ir de Moreno
En su libro “Historia de los Pueblos del Partido de General Sarmiento”, Eduardo Munzón relata cómo el municipio que luego daría origen a los que hoy conocemos como San Miguel, José C. Paz y Malvinas Argentinas, nació como necesidad de los pioneros -y más ilustres- pobladores de una parte de Moreno de optimizar distancias y recursos.
En mayo de 1864, el agrimensor Adolfo Sourdeaux trazó el plano de un pueblito que bautizó San José de Pilar -efectivamente, San Miguel nació con otro nombre- y meses después, la Provincia creó el partido de Moreno, bastante más grande que el actual.
Con el nuevo mapa, el pueblito quedó del lado morenense, pero la sede administrativa quedaba muy lejos y la distancia complicaba el desarrollo de su población.
“Sourdeaux, al fundar los primeros pueblos e impulsarlos hacia su formación y avance, había contribuido a crear esa corriente separatista, sostenida por un sano deseo de progreso edilicio y renovación social”, sostiene Munzón. Y refuerza la idea separatista que prendió entre la clase pujante de la zona: “Lo encontramos más tarde fundando las primeras villas y atrayendo por medio de fiestas, reuniones, picnics a prestigiosas familias de la colectividad francesa, en la ambición de que establecieran su residencia en el lugar”.
Aquel “lobby” del destacado ingeniero, integrando grandes sociedades de fomento con el objeto de producir la subdivisión y venta de las tierras: “traería aparejado el aumento incesante de la población”.
Así fue que en 1889 los vecinos armaron un movimiento para separarse y tener partido propio. Lo consiguieron, aunque querían llamarlo San Miguel, la Legislatura lo bautizó General Sarmiento, primer homenaje bonaerense al prócer fallecido un año antes.
La ley tomó unas 18.850 hectáreas de Moreno, Pilar y Las Conchas (hoy Tigre), según un plano del cartógrafo Carlos de Chapeaurouge. Ahí nació el límite al suroeste que nos ocupa: una línea entre chacras que, con los loteos, se fue volviendo calle.
Tramos “difusos” y su impacto en la gestión
El límite actual entre San Miguel y Moreno tiene dos naturalezas. En su tramo norte, desde la calle Tomás Guido hasta Pardo, coincide con la avenida Martín García, una arteria de veinte metros de ancho donde cada municipio recolecta los residuos de su respectivo territorio. En cambio, desde Pardo hasta el río Reconquista, no hay calzada que lo señale: la línea atraviesa el interior de las manzanas por el contrafrente de las parcelas.
El 23 de septiembre de 1966, el agrimensor Alejandro José Villa Abrille mensuró una fracción que pertenecía al Arzobispado de Buenos Aires y a Tomasa P. Saavedra Zelaya, y que se extendía sobre los partidos de General Sarmiento y Moreno.
La subdivisión ordenó las manzanas de modo que la línea de partido quedó en el fondo de los lotes, y no sobre el eje de una calle, como es habitual.
El resultado se lee todavía en los registros: el mismo bloque figura como Manzana 146 en el catastro de San Miguel y como Manzana 4A en el de Moreno. Los frentistas de la calle El Ceibo, íntegramente en territorio morenense, tienen su contrafrente en parcelas sanmiguelinas.
Desde San Miguel lo definen: “Es un límite difuso”, observa Rodrigo Silva, Director de Catastro de la Municipalidad, además señala que esto corresponde al Barrio Mariló, que posee “presencia” en ambos partidos gracias a aquellos límites heredados y no revisados.
“Cuando el privado hizo ese loteo (N de la R: hoy ubicado en lo que es la localidad de Santa María) puso el límite en la parte de atrás de los lotes, que de esa forma quedaron con su frente sobre la calle El Ceibo, Partido de Moreno, y con el fondo y algunas medianeras en San Miguel”, detalla sobre la particular situación catastral de esa zona de Mariló, cuya porción morenense pertenece hoy a Trujui.
“En ese mismo plano se ve cómo las parcelas del lado de San Miguel están numeradas de forma consecutiva. La misma manzana del lado de Moreno está numerada diferente. Pero cada uno tributa del lado que le toca, más allá de que es la misma manzana”, aclara.
Por otro lado, confirma que: “La avenida Martín García oficia como límite entre Moreno y San Miguel desde la calle Marcos Paz hasta la calle Pardo”, sobre el tramo norte de la frontera intermunicipal. Y suma un detalle directamente desde el terreno: “Entre la calle Marcos Paz y Tomás Guido, Martín García está materializada, es observable, pero tiene en trámite cuestiones geométricas y jurídicas”.
Respecto de la recolección de residuos en los límites, revela: “la realidad es que la gente a veces pone la basura del lado del municipio donde pasa más seguido el camión. San Miguel tiene una recolección de 6 días a la semana, entonces suele suceder que algunos vecinos de José C. Paz y de Moreno dejan la basura en los cestos de los vecinos de este lado, lo cual genera algunos conflictos”.
La topografía del terreno también tiene sus desafíos: “En el límite se dan algunos temas de escurrimiento de aguas, por la pendiente de los arroyos (N. de la R: la cuenca del Río Reconquista tiene una pendiente general en dirección sudoeste a noreste); entonces las obras hidráulicas deberían tener continuidad. Cualquier ‘tapón’ que haya del lado de Moreno donde no podemos intervenir, genera una inundación del lado de San Miguel que genera charcos de agua importantes, barro y problemas de convivencia entre vecinos”, subraya Silva.
Las obras públicas en los límites municipales
La realidad indica que no siempre es fácil ponerse de acuerdo con el municipio vecino para trabajar en zonas que, en la práctica, son comunes: “Normalmente en los límites entre partidos interviene la provincia de Buenos Aires con todo lo que son obras, porque ponerse de acuerdo con el otro municipio sobre la licitación, quién la hace, cuándo, con qué plata; es complicado”, admite el Director de Catastro de San Miguel.
Como “agente en el terreno”, explica que “muchas veces depende de la capacidad de gestión, la voluntad de cada municipio de invertir en determinada obra y de los beneficios que le brindaría a su comunidad. Por ejemplo, a Martín García, que es importante porque va bordeando hasta el límite con José C. Paz y permite la salida de la gente de los barrios de Santa Brígida… si la tenés que asfaltar y por ahí Moreno no tiene presupuesto o no quiere, ¿cómo haces?”.
“Porque para Moreno es el fondo, es un loteo que está lejos de su centro. Y para nosotros es una calle que habilita a los vecinos de José C. Paz y del oeste de San Miguel salir a la ruta provincial 23, la avenida Papa Francisco. Ese tipo de situaciones las suele resolver la provincia de Buenos Aires”, resume.
AreaUrbana solo obtuvo una declaración en este sentido, desde el lado de Moreno: “En el gobierno municipal trabajamos en todo el municipio para mejorar la infraestructura, garantizar el derecho a la urbanización y abordar las distintas necesidades que presenta la comunidad, incluso en los límites con otras ciudades”.
“En las zonas compartidas puede presentarse el problema de quién se hace cargo de cada tema”, admiten. “Para resolver esto fomentamos el diálogo entre municipios, para que haya respuesta y para que no se ejecuten recursos por demás”.
Retomando el “curioso caso del loteo en Mariló”, el funcionario de San Miguel ejemplifica: “Si querés pavimentar una de las calles que desembocan contra El Ceibo y los últimos 20 metros corresponden a una parcela que está del lado de Moreno. ¿Qué haces? ¿La pavimentas? ¿La dejas de tierra? Es una decisión, un acuerdo al que podés llegar con el intendente de al lado”. Y da otro ejemplo: “El alumbrado sobre una arteria como Martín García ¿quién pone los postes, los lomos de burro? ¿Los ponemos los dos? ¿Duplicamos la cantidad? En un mundo ideal, esas zonas deberían tener dos municipios brindándoles servicios a un lado y al otro de la vereda. Sería óptimo que hubiese convenios bipartitos con cada lindero para llegar a un acuerdo sobre la gestión del borde”.
Para cerrar, Silva destaca un dato de la realidad en la gestión municipal: “Muchas veces, ponerse de acuerdo demanda el mismo tiempo del acuerdo y las gestiones son muy cortas; cuatro años es poco tiempo. Con que te archiven el tema 1 o 2 años, se te escapó la mitad de la gestión, si es que llegás a realizarlo; porque después está el tema de las licitaciones que también demandan tiempo”. “El preacuerdo con otro municipio te deja con un presupuesto que tenés que ejecutar y si no lo hacés, según la devaluación monetaria que tenga el país -porque los municipios no invierten en dólares, tienen en pesos el dinero- llega un momento que no compras ni la cubierta de un auto con esa plata. La inflación es una complicación para lo que es la gestión en general y para los bordes, quizás más”, finaliza.
Por ANALÍA CABALLERO
